Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Las columnas de Aldo Cívico y Andrés Hoyos el pasado miércoles 9 de octubre enaltecen las páginas editoriales de El Espectador.

Desde dos enfoques diferentes, coinciden en radiografiar nuestra condición. Víctimas del áurea mediocritas que denunciaba, aún sin efectos, el maestro Jaramillo Uribe, no nos movemos entre polos sino entre aguas tibias develando ridícula la tan manida “polarización” que, se dice, refleja nuestras crisis. Es más, podría decirse que tampoco tenemos crisis, sólo aspavientos. Por ello la mirada que nos dirigen los países interesados en invertir resulta escéptica dado que, más que conducidos por instituciones relativamente estables, vivimos al vaivén de los estados de ánimo de caudillos que hacen política y empresa. En Colombia no se sabe qué pasa hoy ni, por tanto, se puede estimar lo que pasará mañana. No conocemos el presente porque desconocemos sus datos o porque, cuando los buscamos, como ocurrirá con el censo agropecuario, lo hacemos de cualquier manera. Tampoco podemos negociar porque, firmados los tratados, al día siguiente estamos pensando en renegociarlos, cuando no en incumplirlos. Somos sepultureros cavando la tumba de nuestro propio cadáver llamándonos, enajenadamente, el país más feliz del mundo. ¡Pamplinas!

Bernardo Congote. Bogotá.

Las SAS

Sobre la pasada columna de Salomón Kalmanovitz, “La expansión del Ubérrimo” (El Espectador, oct. 7/13), quiero señalar que en lo que respecta a las Sociedades por Acciones Simplificadas  incurre en errores fácticos que inducen a conclusiones apresuradas e incorrectas.

En primer lugar, no es cierto que una SAS no requiera Revisor Fiscal.  En una Sociedad por Acciones Simplificada, así como en una Sociedad Anónima, se requiere tener Revisor Fiscal siempre y cuando se cumplan ciertos requisitos, entre ellos los expuestos en el parágrafo 2, artículo 13, ley 43 de 1990.

Paralelamente, de manera implícita el escrito de Kalmanovitz hace creer al lector que todos los costos que se declaren en una SAS son deducibles de impuestos. Y eso no es cierto. La SAS puede declarar todos los costos que quiera con una factura. Eso es cierto y aprovecho para decir que no existe la denominada “factura simple”. ¿O cómo son las que no son simples? Otra cosa es que la DIAN acepte que ese costo sea deducible de impuestos. Y ante eso la SAS no tiene un tratamiento distinto a cualquier otro tipo de sociedad comercial en Colombia.

Finalmente, el director de la DIAN, al referirse a la SAS como vehículo de evasión, lo hizo por razones distintas a las que Kalmanovitz expone, entre otras cosas porque las presentadas en su columna no son ciertas.

Luis Alberto Arango E. Bogotá.

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