Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Si el concejal Carlos Martínez no puso en riesgo la vida de muchos transeúntes y de los policiales, entonces, ¿qué hizo?

Una pequeña pilatuna, según el fiscal del caso, que no encontró méritos para llevarlo ante el juez de garantías, después de observar que embistió a los funcionarios con el vehículo que conducía y desplegó una huida temeraria.

Qué pena con el cabildante, haber sido perseguido por poca cosa. Así no funcionan la disciplina social y la convivencia ciudadana.

Se necesita que las autoridades evalúen con juicio los riesgos a que es sometida la sociedad con estas conductas reprochables y la vulneración de los reglamentos y del Código Penal, para que impongan sanciones ejemplarizantes y más a quien tiene el deber de cuidado por su investidura.

Si embestir con el vehículo a un funcionario con autoridad no es una conducta penal, ¿qué es? Qué bueno que se le hubiera permitido al juez constitucional dilucidar sobre la legalidad y la tipificación. ¿Qué pasará en adelante cuando todos los infractores se nieguen a que se les practique la prueba de alcoholemia o sólo accedan después de las 6 horas, cuando ya hayan desaparecido las trazas del licor? Este fue el ejemplo que dio el concejal y la jurisprudencia que sentó la Fiscalía. ¿Por qué tanta demora en la aplicación de los protocolos, cuando se estaba frente a un caso que por su sensibilidad ameritaba toda la acuciosidad necesaria, ya que las más ofendidas habían sido la seguridad y la convivencia ciudadanas, que son bienes intangibles y superiores de la sociedad, que corresponde a todos mantener indemnes?

Que un hecho de esta magnitud quede sin sanción cuando existen las herramientas jurídicas, es abrir un boquete para su recidivancia. Basta con tener recursos para pagar las multas administrativas y relevarse de toda la responsabilidad, aun de la penal, así sean las dos totalmente independientes.

 Édgar Bejarano. Bogotá.

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