Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

 Personalidad narcisista

La personalidad narcisista, orientada al vanidoso culto de su propio yo, presenta numerosas variables individuales y diferentes formas de co-variación con otras disfunciones del comportamiento, como el histrionismo (o necesidad de hacerse notar y admirar en los diferentes escenarios sociales).

Hay personalidades narcisistas abiertamente patológicas que han sido descritas y evaluadas en los dominios especializados de la psiquiatría y de la psicología de la disfuncionalidad. Pero muchos otros narcisistas (tal vez la mayoría) no traspasan esos límites y por ello pueden poner en juego varias de sus habilidades seductoras y formas de manipulación que les permiten alcanzar en las posiciones de poder político, económico o empresarial. Pero cuanto más elevada sea su posición y más poder tengan, pueden llegar a ser socialmente más dañinos (suelen aparecer como generosos, dadivosos (incluyendo al respecto varias porciones de “mermelada”). Con grandes diferencias individuales la literatura científica muestra que la mayoría de ellos ostenta las siguientes características:
Falta de vergüenza, cinismo, razonamiento sofista absolutizado. Con este perfil un narcisista nunca es leal.

Por estos lados de América Latina hemos tenido y tenemos varios gobernantes narcisistas.

Algunos se creen sus propias mentiras absolutizadas: por ejemplo, cuando uno de ellos afirma:

“Yo soy la paz y los que no estén conmigo están en la guerra”.

J. Antonio Sánchez. Bogotá.


Una columna

Es extraño que de vez en cuando alguno de sus columnistas decida dejar atrás el rigor de sus trabajos académicos, basados todos en evidencias históricas, sociológicas o de otro tipo, para plasmar en su columna el sartal de sus prejuicios, pegados con jerga historico-social, pero sin verdadera sustancia. Es el caso del Dr. Mauricio García Villegas, que hoy en su columna explica por qué los antioqueños están (estamos, incluido él) tan descarriados en su apoyo a Zuluaga y el poco apoyo, por no decir otra cosa, a Santos.

Las explicaciones parecen, como digo, la suma de los lugares comunes sobre el poblamiento de Antioquia (que generalmente es de solo una parte del departamento), el desvarío de que hay una identidad cultural alrededor de unos únicos valores (algo por probarse) y que, con base en los clichés de salón de fiestas bogotano y esos devaneos pseudosociales, se puede armar una explicación de “los antioqueños”. Algo que quedará bien en un coctel, pero no sale bien en una columna de prensa, menos aún cuando lo escribe alguien con los pergaminos académicos del Dr. García.

Nelson Vanegas. Medellín.

 

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