Por: Julio Carrizosa Umaña

Cartas a los mineros

Además de los votos deberíamos mandar cartas a los mineros en donde les expliquemos los problemas que hoy nos causan.

No es que no entendamos que la minería es necesaria para el progreso de la humanidad, como innecesariamente nos explican una y otra vez. Lo que sucede es que la minería en este país ha causado ya demasiados y grandes problemas y nos gustaría por lo menos disminuirlos.

No voy a explicar las intrincadas interrelaciones históricas entre la minería y la existencia de Colombia. Simplemente, nuestro país no sería igual si los españoles no hubieran visto el oro adornando los cercados indígenas o si no hubieran escuchado la leyenda de El Dorado, pero en la nación que estamos tratando de construir esperamos tener otra clase de relaciones con las grandes empresas que se lucran de la extracción de oro, como esta semana lo demostraron los habitantes de Cajamarca.

Me doy cuenta de la emoción de la empresa que cree haber encontrado uno de los mayores yacimientos de oro del planeta, pero también sé de las tragedias que otros yacimientos más pequeños han originado a lo largo de la historia de nuestro país y me pregunto si ya es tiempo de reflexionar acerca de si extraer oro es, realmente, más benéfico que dejarlo donde está, como un elemento más de los ecosistemas en donde estamos construyendo una nación más justa.

Corresponde al Gobierno hacer esa cuenta y la debe hacer asesorado de las mejores instituciones investigativas nacionales e internacionales, porque después de la votación de Cajamarca sería absurdo no profundizar en el caso elaborando los mejores estudios posibles; no los que presente la empresa interesada, sino los que la nación acepte como necesarios para resolver un asunto que interesa a colombianos honestos que han pasado varias generaciones produciendo alimentos y cuidando sus ecosistemas.

Algunos insisten en que es posible hacer minería sostenible, pero eso no es cierto. La sostenibilidad ambiental, como la entendieron quienes crearon el concepto, en el caso de la minería, en donde se extrae, se transforma y se exporta parte del capital natural, sólo sería posible si ese capital perdido se reemplazara inmediatamente por otro que realmente constituyera la misma estructura y prestara a la sociedad los mismos servicios. La experiencia colombiana acerca de cómo se invierten las ganancias y los impuestos originados en la minería permite afirmar que nunca hemos cumplido esas normas y no tenemos ninguna razón para esperar que esa situación se modifique.

 

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