Por: Ana María Cano Posada

Casandra

IBA A ESCRIBIR OTRA VEZ SOBRE LO que es buscar en el desierto cotidiano de la información motivos inspiradores, cuando se me cruzó la realidad nacional con todos sus horrores.

El nido de víboras en el que se ha convertido la política colombiana en la que se descararon todos los que han sido corruptos de “nación” (como decían los campesinos) y los que se fueron volviendo corruptos de cuello blanco, (que no Aute), y los que ya son la tapa y que manejan las TIC (las nuevas tecnologías de la comunicación)...

Como quien dice, todas las cortes infernales de corruptos de todas las estaturas y con todas las aspiraciones expuestas a flor de piel y visibles sólo para quien se sienta capaz de mirarlos en todas sus grotescas expresiones de muecas en las que dejan salir su alma de manera involuntaria… Porque al envejecer se va asomando el alma a la cara y por eso es que los cirujanos plásticos tienen tanto trabajo ahora, tratando de volver a meter adentro a los demonios que se les salen a sus “pacientes” y, por añadidura, dejarlos convertidos en horribles jóvenes eternos, tal como dice la publicidad que debemos ser todos ahora si queremos tener un lugar en esta sociedad del desperdicio.

Pero yo iba para la política nacional y me desvié… Digo que se les sale el alma a todos los políticos en campaña electoral… y otra digresión: algunos en una campaña  más marcial que otros, como la seguridad democrática con las barricadas que pintó Osuna genialmente en este diario, de sacos de café con el ultrafuncional Gabriel Silva detrás. Estos son unos y los otros son más taimados y se quedan conspirando desde el escritorio con su “experticia” (como traducen ahora lo que antes se llamaba sólo experiencia), rumiando como Pedro Navaja la maroma, el truquito ¡ay bendito!, (Rubén Blades sí que habla con autoridad de esto…), viendo a quién le buscan la caída, porque de lo que se trata es de verse, de limpiar el escenario de tanta competencia y de “ganar en visibilidad”, como dicen ahora los imagólogos, esos que deben estar cobrando duro a esta altura para sacar candidatos como ases de debajo de sus mangas de prestidigitadores.

Del Polo Democrático no me ocupo porque logró resucitar al anapismo y al fantasma de Rojas (Pinilla, no Birry) que se ha levantado con toda su potencia de ser nuestro Perón: volveré y seré legiones, decía Isabelita Perón. Del uribismo no me voy a ocupar porque ese es como un abaleo en un ascensor, no hay bala perdida. Cómo será que lograron convertir a un ser como Luis Carlos Restrepo en un nuevo Goebbels de regulares resultados. Y a Juan Manuel Santos, que sigue caminando por la carpeta roja (así traducen la alfombra roja) en la que siempre ha transitado; “él gatió en tapete persa” decía un adorable cínico paisa hoy muerto. A Santos no le cabe un tinto, esa es su derrota personal y política.

Me ocupo de lo que importa. No quiero ser Casandra, que no he sido nunca porque soy una optimista irredenta. Del alma en pena que alberga el presidente Álvaro Uribe en su corazón grande y su puño cada vez más firme y más engarrotado, puede estar dando lugar imperceptiblemente al nacimiento de un nuevo dictador con lo que completaríamos el antisueño de Bolívar: la Gran Colombia regida por tres egos que no caben en este continente, que se creen redentores, mesías, iluminados, y por eso se detestan entre sí. No ven la sombra, como aconseja Jung: lo que ven en los otros es su propia sombra proyectada. Y por su parte los quíntuples pensando cada uno que va a ganar y que esa batalla ya estuvo lista. Error: no saben de qué tamaño es el enemigo y es interno, muy interno.

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