Por: Mauricio Botero Caicedo

Cascabeles y cristalitos de colores

Los conquistadores, en los primeros años de la colonización de América, para atraer a los nativos e indagar de dónde habían sacado el oro, los invitaban a intercambiar cascabeles y cristalitos de colores por el oro que los indígenas llevaban en su cuerpo. Unos pocos españoles —siendo la inmensa mayoría de ellos gente inteligente, amable y respetuosa— siguen creyendo desgraciadamente que con cascabeles y cristalitos de colores deslumbran y doblegan a los nativos.

Uno de estos “conquistadores modernos” es el comunista español Enrique Santiago, “Pontífice Máximo de la Democracia Mínima”, abogado que nos ha estado haciendo creer que para lograr la paz es indispensable cumplir a rajatabla su interpretación personal de los Acuerdos. La Corte Constitucional, oportunamente, acaba de desmentir a Santiago. Con precisión, el académico Miguel Ceballos Arévalo hace luz en la oscuridad: “El acuerdo no entra al bloque de constitucionalidad y, en consecuencia, no se incorpora automáticamente al ordenamiento jurídico colombiano… La Corte no le comió cuento a la redacción del nuevo Acto Legislativo que pretendía obligar a tener el acuerdo con las Farc como parámetro obligatorio de interpretación del ordenamiento jurídico. El acuerdo de paz solamente vincula al poder Ejecutivo, que no está obligado a implementar al pie de la letra lo acordado, pues la propia Corte considera que únicamente tiene una «obligación de medio…». El pretendido «blindaje» para hacer «intocables» los acuerdos tampoco terminó siendo aprobado por la Corte Constitucional, pues si bien acepta que los órganos y autoridades del Estado cumplan de buena fe los contenidos y finalidades del acuerdo final, solo podrán hacerlo en el ámbito de sus competencias... Finalmente, no puede afirmarse, como algunos lo hacen, que los tres siguientes gobiernos no podrán tocar el acuerdo. Lo que en realidad sucederá es que mientras no se reforme el Acto Legislativo 02 de 2017, deberá ser aplicado teniendo en cuenta los alcances, criterios y limitaciones establecidos por la Corte Constitucional, sin que ninguno de los tres poderes públicos pierda sus facultades y funciones para realizar las reformas legales y constitucionales que correspondan en su momento…”.

Buena parte de la enorme polarización por la que atraviesa el país es que los que exigen respeto no están dispuestos a respetar. Porque en Colombia, con la inexplicable complicidad del alto gobierno, y siguiendo instrucciones del abogado Santiago (como la pretensión totalitaria de que lo pactado no pudiera ser modificado de ninguna manera en los próximos 12 años), se ha pretendido irrespetar tanto a la Constitución como a la democracia alternativa. Así que cuando a usted le pregunten, amigo lector, ¿cuál es posiblemente la principal razón de la enorme polarización que atraviesa el país?, siéntase cómodo contestando la verdad: “Porque los que exigen respeto no están dispuestos a darlo”.

Apostilla: Hay un enorme fariseísmo en al caso de Harvey Weinstein. El camino más expedito —por no decir el único— que tenía una actriz de Hollywood para llegar al estrellato era arrugando sábanas con el director o productor. Era tan arraigada la costumbre, que cuentan que una diva, desesperada con un papel mediocre, clamaba en los corredores de un estudio: ¿con quién me tengo que revolcar para que me saquen de esta insípida película?

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