Por: Daniel Mera Villamizar

Caso Cuero, que siga...

¿Y si a Cuero le aprueban las 11 patentes pendientes, o seis? Dio “papaya” y la competencia periodística se la “partió”, pero el caso apenas comienza.

La controversia muestra también que nos falta “daltonismo” o indiferencia ante el color de la piel, y que se hace uso demagógico de éste.

Si le aprueban seis patentes, digamos, ¿cómo quedaría el ranquin colombiano de científicos inventores? El “caso Cuero” puede ser una oportunidad excepcional para aumentar la comprensión pública de la ciencia y la tecnología, un efecto que ya ha tenido. El objeto de cada patente pendiente y su proceso de aprobación cuentan ahora con un interés periodístico vendedor: la reivindicación o la derrota de Cuero.

Raúl Cuero es un científico sobresaliente por el alcance global y práctico de las preguntas que se plantea: cómo bloquear naturalmente la radiación ultravioleta, por ejemplo. Con que la humanidad se beneficiara de uno de sus inventos, sería un héroe nacional de la ciencia. Audiencias calificadas en varios continentes esperan su éxito. Esta perspectiva, sin embargo, no le quita valor a la investigación periodística del profesor Bernal, sino la pone en su justa dimensión.

La comunicación pública de Cuero no pasa el control social de la comunidad científica, como quedó claro, pero eso no se refiere al impacto probado y potencial de su trabajo de laboratorio. Son cierto exceso y fruición en el tono, conocidos como mala leche, lo que harían que cada patente aprobada de Cuero sea un golpe para Bernal.

La competencia periodística explica que el informe haya salido en El Espectador y no en El Tiempo, al que primero acudió Bernal. El Tiempo le ha dado tal vez el mayor despliegue a Raúl Cuero, e Intermedio publicó sus tres libros. El Espectador podía producir ese batacazo en la opinión sin ir contra sus intereses. La ética del medio obliga, en todo caso, a no ignorar una oferta de “verdad” como esa.

De hecho, en algunas facultades de periodismo se vio como que El Espectador hizo quedar como un “cuero” a El Tiempo. Si bien no importa la motivación (en cierta medida inescrutable más allá de lo declarado) del profesor Bernal, pues importan los hechos, esa motivación no tiene por qué coincidir con la del periódico, al que no cabe acusar de envidioso. De racista tampoco. Quizá de “encarnizado” por la pesquisa de dos contratos del Parque de la Creatividad.

Pero el debate no iba a darse sin que muchos “racializaran”: esa nociva tendencia a enfocar automáticamente una situación por la “raza” si hay personas o poblaciones negras de protagonistas. Es casi imposible que la sociedad “no vea” el color oscuro, pero decir que es lo relevante para ver, nos atrasa. Cuero, menos mal, no ha caído en este recurso fácil y contraproducente.

Su segunda oportunidad está en las patentes. Menos actividad mediática y homenajes; más patentes aprobadas en los siguientes siete años. Ahora, si las patentes pendientes no tienen números, apaguemos el caso...

 

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