Por: Antonio Casale

Casos aislados

En un país como el nuestro, en donde la mayoría del presupuesto nacional se destina al conflicto armado, desestimando la importancia del deporte como generador de paz y esperanza para los más necesitados, bien vale la pena repasar y reconocer los logros de algunos deportistas que nos representan bastante bien en el exterior, bien sea por esfuerzos individuales o por el apoyo de la empresa privada.

El tenis es la mejor demostración de que los procesos serios traen buenos resultados. Colsánitas lleva años invirtiendo dinero, tiempo, ganas y, sobre todo, imprimiendo una filosofía estratégica detrás de este deporte. Aunque para muchos el puesto 61 en el mundo de Santiago Giraldo y el 64 de Alejandro Falla son mediocres, habría que pararse en una cancha y entender este deporte, para comprender que si acaso Federer y Nadal son los únicos que pierden pocos partidos y ganan la mayoría, y que cuando tan sólo 60 humanos en el mundo son mejores que uno, es porque hay un gran logro detrás.

Lo propio sucede con Camilo Villegas y el golf colombiano. Estar entre los mejores 27 del mundo, en otro deporte reservado para los países de élite, enmarca otro milagro. Lo de Camilo es fruto del talento innegable que posee, mezclado con una historia de disciplina y esfuerzo individual que hoy sirve de ejemplo. Además, nuestros golfistas ganan permanentemente las competencias continentales en juvenil, lo que habla bien del futuro de esta disciplina a partir del espejo que genera un ídolo como Villegas.

Otro caso es el de Juan Pablo Montoya. Más allá de sus modales con la prensa o el público, al bogotano hay que calificarlo por sus logros deportivos. Aunque su retiro prematuro de la F1 nos privó de verlo en un lugar que corresponda con su talento, Montoya escribió páginas doradas en esta categoría y aún está a tiempo de hacerlo en Nascar. Ojalá lo del domingo se repita más frecuentemente.

Valorar los triunfos de los nuestros generará que futuras generaciones los vean como ídolos y los quieran emular. Por supuesto, necesitamos un número uno del mundo, pero para lograr eso se requiere mucho más que un puñado de talentosos soñadores. Para que esto se nos dé es menester darles valor a los pequeños grandes triunfos, es importante que el Gobierno también se meta la mano al bolsillo y es preponderante que en colegios y universidades el deporte se vuelva protagonista de primer orden. Por ahora, y así algunos digan lo contrario, Montoya, Villegas, Giraldo y Falla deberían ser tratados como lo que son, verdaderos héroes nacionales.

 

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