Por: Antonio Casale

Casos de la vida real

Cada vez son más frecuentes alrededor del mundo los casos en donde los equipos de fútbol que no cumplen con sus obligaciones económicas son sancionados. En Colombia estamos lejos todavía de tener una reglamentación que ponga en cintura a los deudores.

Es así como al Espanyol de Barcelona le van a quitar seis puntos en la liga. Para evitarlo tendría que cancelarle al Girondins de Burdeos un millón y medio de euros por concepto de una vieja deuda. El conjunto catalán debe este dinero por la transferencia del jugador Albert Riera.

Mientras tanto, el Deportivo Quito fue suspendido la semana pasada para disputar los partidos del torneo local si no pagaba cerca de US$200.000 por deudas a jugadores y a la propia Federación. El viernes a última hora se pusieron al día y pudieron disputar la jornada. En Inglaterra son más drásticos. Recientemente el Southampton y el Crystal Palace fueron sancionados con la pérdida de 10 puntos por culpa de sus problemas económicos.

Nos burlamos constantemente del fútbol peruano, ¡y qué lección nos dieron! El campeonato no iba a arrancar, pues la agremiación de jugadores logró el respaldo de la Federación para que ningún equipo con deudas pudiera iniciar el torneo. Sobre la hora se pusieron al día. El Inti Gas lo hizo un día después de lo estipulado, así que la Federación pidió a la agremiación de jugadores el respectivo concepto, finalmente se pusieron de acuerdo para permitirle jugar.

En Colombia, en cambio, la situación no mejora. El ingreso del nuevo patrocinador logró que casi todos los equipos se pusieran al día, pero hay dos casos que preocupan no sólo por la historia que han escrito, sino también porque el país futbolístico se hace el de la vista gorda ante la situación: se completan tres meses sin que los jugadores de América y Millonarios cobren sus sueldos.

Ante la situación, aquí también nos unimos. Pero lo hacemos para insultar a estos jugadores por sus pobres resultados sin tener en cuenta que no cobran hace mucho tiempo. Nos unimos para bloquear todas las posibles salidas legales a la crisis institucional de estos equipos. Alcahuetiamos que estas instituciones continúen en las mismas como si nada estuviera pasando. Mientras el mundo entero busca la viabilidad del fútbol, en Colombia seguimos apagando incendios a corto plazo sin buscar soluciones de fondo. La realidad nos pone cada vez más lejos de la élite mundial.

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