Por: Columna del lector

Catar 2022… o de cómo normalizamos la explotación por el entretenimiento

Por Fernanda Uro Aboites

La realización de la Copa del Mundo 2022 en Catar ha traído a primer plano las preocupaciones de los aficionados que se han centrado en la posible prohibición de beber alcohol en los estadios y por las extremas temperaturas del país. Preocupaciones que ponen en evidencia la absoluta falta de conocimiento sobre los verdaderos problemas que existen en ese país, o quizás la total indiferencia que tenemos como sociedad ante la crisis humanitaria presente; todo por el bien del entretenimiento.

Kafala. Una palabra desconocida para muchos, y tan importante para otros. Una palabra que engloba en su significado un sistema que ofrece oportunidades, pero camufla la realidad.

El sistema Kafala (de patrocinio) es un uno de migración laboral impulsado por el Estado, que existe en algunos países árabes, entre los que se encuentra Catar. El sistema tiene el propósito de albergar trabajadores migrantes, de manera temporal, sin la oportunidad de que éstos adquieran derechos ciudadanos. Es bajo este sistema que, para lograr llevar a cabo la Copa del Mundo en 2022, se ha contratado a miles de trabajadores migrantes del sur y sureste de Asia para la construcción de estadios, aeropuertos, caminos y hoteles; una inversión que asciende a un estimado de US$100.000 millones de dólares.

Según cifras del Ministerio de Desarrollo de Planeación y Estadísticas, actualmente más de 90 % de la población en el país son trabajadores migrantes; trabajadores cuyo estatus migratorio está vinculado al patrocinio de un empleador privado (kafeel en árabe) que tiene el control sobre su estancia en el país, su contrato laboral y su estadía en ese empleo. Los trabajadores migrantes no pueden entrar al país, cambiar de empleo ni salir del país, por ninguna razón, sin antes tener el expreso consentimiento del patrocinador.

Al delegarle la mayor parte de la responsabilidad de controlar a los trabajadores migrantes a agencias de reclutamiento y empleadores privados, el Estado privatiza la migración laboral, lo que en muchos casos facilita las condiciones de explotación y abuso; es lugar común que los empleadores confisquen los pasaportes de sus trabajadores, lo que les da un importante control sobre sus empleados (sustento, vivienda, y permanencia); control que no es monitoreado por ninguna autoridad, creando un ambiente propicio para la violación a sus derechos humanos.

Kafala. Un sistema que hoy día permea uno de los eventos deportivos más importantes del mundo, que contribuye a perpetuar un sistema de explotación laboral, pero que a la sociedad parece no importarnos. Mientras tengamos fútbol, nada más importa.

Más allá de cuestionar la decisión de la FIFA por haber elegido este país para ser el anfitrión de la Copa del Mundo en 2022, la cual tiene por si misma sus escándalos de corrupción, es mucho más grave la indiferencia de la opinión pública. Una opinión pública que, a pesar de las investigaciones y declaraciones realizadas por grandes organizaciones internacionales de derechos humanos, como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, continúa volteando la mirada hacia otro lado con tal de no perder ni alterar este campeonato deportivo.

Como resultado de la presión internacional que las ONG internacionales y medios de comunicación pusieron sobre el gobierno catarí, este ha llevado a cabo algunas reformas que, en realidad, han sido insuficientes y superficiales. Incluso, el gobierno de este país realizó a principios de este año una exhibición en Ginebra en el marco de la XL Sesión del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas con el objetivo de mostrar el compromiso que se tiene con el bienestar de los trabajadores en esta Copa del Mundo de 2022; sin embargo, dichos intentos de mostrar compromiso han probado ser insuficientes.

La situación prevalece. Gran parte de los casi dos millones de trabajadores migrantes en el país viven en condiciones sanitarias deplorables, sin aire acondicionado, sin comidas balanceadas, sin agua potable ni electricidad en sus viviendas. Muchos tienen sus documentos secuestrados por sus empleadores, y muchos otros no han recibido su salario en meses o incluso años.

Es momento de que revaloremos nuestras prioridades como sociedad y realmente preguntarnos si un evento deportivo vale más que la vida de cientos de miles de personas que, como millones alrededor del mundo, migran buscando mejores oportunidades de vida. Tenemos en nuestro poder la posibilidad de quitarle nuestro apoyo a la FIFA y a la realización de este evento, pero ¿hasta cuándo decimos basta de injusticias y de explotación sistémica?

Alguna vez el entrenador italiano Arrigo Sacchi dijo que “el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”; ¿cuándo entonces comenzaremos a valorar la vida de las personas como la cosa más importante de las cosas?

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