Por: Cartas de los lectores

Cauca

La situación del Cauca es apremiante, pone en entredicho la capacidad del Estado para garantizar la seguridad y el ejercicio de los derechos fundamentales de la población en todo el territorio nacional y la capacidad de reaccionar cuando se atacan las instituciones.

Creo que hace muchos años no teníamos los colombianos la zozobra de saber de municipios y áreas en que los retenes de la guerrilla no son siquiera atacados, en que las cabeceras municipales son hostigadas durante días enteros y varios días seguidos, en las que las Fuerzas Armadas y la Policía se ven superadas por las circunstancias y en las que los indígenas de un momento a otro se convierten en factor contrario a los objetivos nacionales, atacando a las fuerzas legítimas del Estado e impidiendo que hagan uso legítimo de la fuerza. Cosas que ya se creían en el pasado, las estamos volviendo a ver.

Una columna de Alejandro Gaviria hace poco y con buenos datos daba cuenta del deterioro de la legalidad en el sur y en Antioquia (por narcotráfico y minería ilegal), lo que conlleva un daño a las posibilidades de desarrollo y democracia de regiones muy grandes. Lo peor, y eso es quizá lo que muchos reprochamos, es que no vemos al Gobierno actuando, las Fuerzas Militares en acción y la seguridad y tranquilidad restauradas, lo mismo que la plena vigencia del Estado de Derecho en esas regiones, especialmente el Cauca esta semana. Lo que se ve son acciones aisladas, defensivas y a veces desorganizadas, respuestas inútiles o de simbolismo dudoso y costosa puesta en práctica. Reunir a los ministros en el Cauca parece una muestra de capacidad del Gobierno para ejercer dominio, pero el costo de eso es altísimo, desvía la acción de muchos militares a proteger a esos ministros y al presidente y no sirve para nada, pues las comunidades indígenas no cambian de opinión ni ayudan más al combate contra la guerrilla, ni se comprometen con la legalidad. Al contrario, horas después del Consejo se ve el retorno de la violencia, el conflicto con los indígenas empeora y en general la respuesta del Estado. Irse a deliberar allí no es más que una bravuconería costosa que no resulta en efectos concretos que paren la violencia de las Farc.

Son horas oscuras para un país que se concentra en la final del fútbol, una feria de moda o un reality y vuelve y le da la espalda a una realidad que es contumaz: estamos lejos de un país próspero y en paz y de un Estado que responda debidamente para proteger a los ciudadanos.

Nelson Vanegas A. Profesor Universidad de Antioquia.

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