Por: Carolina Sanín

Cees Nooteboom

Cada semana alguien escribe en la prensa cultural colombiana sobre “uno de los escritores más importantes del mundo” y, con mayor frecuencia, sobre “el escritor más importante en lengua inglesa”.

El aludido puede ser Rushdie, Roth, DeLillo o Amis. Curiosamente nunca es Coetzee y, explicablemente, nunca será Pynchon. Me pregunto qué quieren decir los periodistas con “el más importante”: ¿el más fácil? ¿el más publicitado?¿el más imitable? El juicio me parece esnob y provinciano, e imagino que quienes lo usan son los mismos que están firmando la petición para que el Cañón del Chicamocha sea declarado (¿por quién? ¿por Dios?) como una de las siete maravillas del mundo.

 Cees Nooteboom es uno de los novelistas más sabios y menos importantes del mundo. Escribe en holandés, una lengua minoritaria. Es de Holanda, un país que a nadie le importa. Es difícil de leer: hace una literatura meditada, altamente estilizada y densa, que el lector no puede seguir si no entrega su plena atención. Cada uno de sus párrafos contiene una idea reveladora, que por lo general se hace visible en una segunda lectura. En fin, es demasiado cosmopolita y elegante para ser importante.

 Rituales (Anagrama, 1995), una de las novelas de Cees Nooteboom traducidas al castellano, trata de la muerte, la trascendencia y la paternidad. Cuenta tres momentos en la vida del diletante Inni Wintrop, que se hacen visibles a través de tres suicidios. La novela empieza con un “intermezzo”, en 1963: Inni intenta matarse tras ser abandonado por su mujer, a quien no ha querido hacer madre. Luego viene un encuentro ocurrido diez años atrás, en 1953: al acercarse a la familia de su padre desconocido y muerto, Inni conoce a Arnold Tadds, un personaje con quien discute sobre la religión establecida, y que planea y realiza su propia muerte por congelación en una montaña nevada. En la tercera parte, en 1973, el protagonista se encuentra con Philip Tadds, el hijo de Arnold, de quien éste nunca habló. Philip habla del misticismo, realiza la ceremonia japonesa del té (con un cuenco que es un nevado invertido) y se ahoga tras planear su muerte como una liberación. Entre las frases memorables de Rituales está: “La naturaleza, en la que los animales no se conocen unos a otros y nadie ama a nadie, despertó.”

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Carolina Sanín

Una defensa

Última columna

Elogio

El chiste flácido

Una sentencia sin principio