Por: Columnista invitado

Ceguera Política

*Jose Darwin Lenis Mejía

“Los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio” José Saramago.  

Colombia enfrenta un periodo político de trascendencia histórica, ha dispuesto hacer un giro real para dejar atrás la aciaga guerra e iniciar un periodo largo de reconciliación colectiva, cuyo significado se resume en abrazar magnánimamente la paz como derecho constitucional según artículo 22 y un principio internacional proclamado por la ONU en su artículo 1 y 39 del Consejo de Seguridad de la misma entidad. Para ello, las condiciones de desarrollo humano y la visión política juegan un papel fundamental. Lo político, porque no es meramente la administración de lo público sin bienestar retributivo para el pueblo. Sino que, es como en los griegos  el arte de la convivencia en condiciones de equidad, participación y determinación libre de los ciudadanos. Por esta vía, la responsabilidad de las elecciones venideras en marzo próximo están en, como lo dice Saramago en el Ensayo Sobre la Ceguera “tener ojos cuando otros los perdieron” decir perdieron equivale a reconocer a gran escala una miopía de un buen número de congresistas y líderes políticos que polarizados por tener la verdad y el poder expanden la epidemia de la ceguera a incautos ciudadanos y en general a la población con inmadura cultura política.

Ahora en este siglo XXI, le corresponde a la ciudadanía resolver vicisitudes y ambivalencias humanas que están a la mano, como la política para la paz y la reconciliación.  Ambas,  proyectivamente se referencian con incertidumbre. Por eso, dejar sentado los lineamientos para los siguientes dos lustros,  representa pasar la página hacia la transformación de una paz política un poco más transparente, comprensible y amplia para todos. En esa perspectiva, ante el oportunismo de aquellos que quieren continuar la guerra a todo costo, es previsible en el corto plazo remover la figura de los cabildos ciudadanos o impulsar una  constituyente nacional por la paz como bien común y fin último de la convivencia. Según informe ¡Basta ya! del 24 jul. 2013, la guerra no solo ha dejado más 5,7 millones de víctimas de desplazamiento forzado, 220.000 muertos, más de 25.000 desaparecidos y casi 30.000 secuestrados. Esta maldita guerra ha golpeado profundamente nuestra economía, ya que afecta el capital económico visto en la reducción del PIB, también afecta la cultura en la lógica de una proliferación de bandas criminales y de mafias que limitan negativamente el desarrollo social y de inversión en el país. Peor aún, cuando la inversión social para 2018 será de 34,2 billones de pesos, equivalente al 14,5 por ciento de la cifra global y a una caída del 16,8 por ciento en comparación con el 2017 ($ 41,2 billones).

Es hora de recuperar la lucidez, cerrar los ojos y ver las tensiones políticas que impiden pensar la democracia con visión compartida, sobre todo cuando la paz queda en medio del fuego político cruzado entre candidatos de derecha e izquierda.

Que los candidatos a la presidencia de la República 2018-2022, puedan ver la luz de la paz en medio de la turbulencia política, es ganancia. Puesto que en una macro visión socio-política irrigar la inversión económica en los más pobres, es  lograr que el gasto de la guerra se mude a favor de la educación, el empleo o  la salud de quienes más lo necesitan. Ello implica, rescatar la dignidad de la nación y pensar nuevas décadas de sustanciales transformaciones en el campo del quehacer político.

Afortunadamente, el concepto del Consejo de Estado dio aceptación de quórum y de mayoría decisoria para que con 50 votos positivos en días pasados en el congreso se legitimara que las 16 circunscripciones transitorias especiales de paz en favor de las víctimas sean una realidad en los períodos 2018-2022 y 2022-2026. Decisión que se puede enmarcar como una oportunidad de construir equidad entre victimarios y víctimas dados los escaños a la Cámara y el Senado acordados para los excombatientes del naciente partido de las Farc.  

La modernidad social indica que dada la tradición partidista, es oportuno diversificar la mirada política a una nueva historia de alianzas multipartidistas o sectoriales. Por eso, bienvenidas las alianzas amplias y diversas que permitan que florezca una visión de progreso, de paz, de educación, de ética del amor y la solidaridad entre conciudadanos y/o compatriotas. Así, la política, al igual que la paz, no puede ser un antagonismo bicolor de blanco o negro rivalizada en apellidos o nombres singulares.

La actualidad política se caracteriza por una policromía de posturas de espectro amplio donde todos podemos ver mucho más que solo sombras difuminadas que a modo de cegueras ocultan las angustiantes realidades sociales de abandono estatal que a diario vivimos los colombianos en materia de servicios públicos y de progreso social en un país multiétnico y por tanto pluri-político.

Al estar próximos a las primeras elecciones populares después de la firma de los acuerdos de paz e iniciar la era del posconflicto. Cabe, evocar un interrogante que según Saramago, nos da luces a cambios de las confusas sombras  de los trinos, las declaraciones y  ciertas informaciones amañadas que circulan en diferentes medios.

¿Por qué dejar que la ceguera política, se convierta en una ceguera ciudadana que bloquea el tránsito hacia el camino de una paz ampliamente diversa? 

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