Por: Adolfo Meisel Roca

Celulares e inseguridad

La difusión del uso de los celulares es una de esas microrrevoluciones que han cambiado muchos aspectos de nuestra vida en los últimos años.

En las principales ciudades colombianas, más del 90% de los adultos ya tienen celular, de acuerdo a la información de los programas Cómo Vamos, que promueven las cámaras de comercio, entre otras entidades. Cuando se empezó a observar su vertiginoso crecimiento algunos observadores pensaron que sería un factor de inmensa relevancia para mejorar los índices de seguridad. No se tenía en cuenta que no sólo los ciudadanos de bien, sino también los delincuentes usarían la nueva tecnología, razón por la cual, desde el punto de vista de la seguridad, la difusión del celular era sólo parcialmente una bendición. Sin embargo, en esta materia hubo una consecuencia no prevista por los analistas. Aunque hay celulares muy económicos, buena parte de la población usa aparatos de alta gama, que tienen un significativo valor de mercado y gran demanda en el mercado del robado. Además, en varios casos constituyen el objeto de mayor valor que casi todos llevamos cuando vamos a la calle. Esa combinación de portabilidad y alto valor ha hecho que los atracos para robar celulares sean el más frecuente de los delitos comunes, pero a la vez una experiencia traumática a nivel personal.

En las diferentes encuestas que se han hecho sobre percepción ciudadana, indagando acerca del principal problema que deben enfrentar los candidatos a las Alcaldías en las ciudades más importantes del país, el tema de la inseguridad ocupa el primer lugar. ¿Por qué dice esto la gente? Porque en el último año le han robado el celular a muchas personas. Por ejemplo, el pasado martes se presentaron los resultados de la encuesta de percepción ciudadana que realiza anualmente el programa Barranquilla Cómo Vamos. Las personas que reportan a la encuesta que fueron víctimas de un delito son el 11% para el estrato bajo, 15% el medio y 16% el alto. El 81% de esas víctimas sufrió un atraco y, de esos casos, el 54% fue para robarles el celular. Haciendo unos cálculos a mano alzada podemos decir que en el caso de Barranquilla, en el último año, que no es excepcional, al 7% de las personas las atracaron para quitarles el celular. Así, con estas cifras, no hay posibilidad alguna de que esas personas tengan una percepción positiva de la situación de seguridad. Ello se magnifica si el delito se comete contra miembros de la familia que son menores de edad y a punta de pistola, como ha sido común. La acción de las autoridades no parece ser muy efectiva en este sentido y la legislación tampoco resulta muy útil para combatir estos delitos de baja intensidad, que deterioran la calidad de vida de la mayoría de los colombianos. Pienso, entonces, que se deben aumentar las penas para este delito y que se debería discutir la posibilidad de establecer políticas más efectivas, como la de “tres strikes y estás fuera”. Esta última expresión, que proviene del béisbol, se ha usado para referirse a la política establecida desde hace algunos años en muchos estados de EE.UU. A través de ella, aquellas personas que cometen por tercera vez un delito menor reciben una severa sanción expresada en tiempo de reclusión.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Adolfo Meisel Roca

Releer

Mrs. Robinson

¿País inmóvil?

¿Reformar o eliminar el DNP?

Cartas de una cartagenera