Por: Catalina Ruiz-Navarro

Censura en “El Heraldo”

La semana pasada recibí un escueto correo firmado por Marco Schwartz en donde me notificaban que mi colaboración con el periódico El Heraldo se terminaba después de cuatro años de trabajo. Este despido vino después que la columna que debía salir el 2 de diciembre de este año, titulada “Olímpica Estéreo y el abstencionismo” (luego publicada en este periódico) fuese censurada. En mi columna simplemente señalo algo que todos en Barranquilla saben: que el 19 de noviembre, día de la consulta liberal, Olímpica Estéreo, la emisora de la familia del alcalde Char, estaba llamando al abstencionismo. Para nadie en la ciudad es secreto que Alejandro Char apoya a Vargas Lleras, de su partido Cambio Radical, para la Presidencia y yo criticaba que se usara la emisora con fines de sabotear la consulta.

La tarde del viernes 1° de diciembre recibí una llamada de la editora de opinión, Diana Arrieta, quien me notificaba que mi columna no sería publicada al día siguiente. No me dio chance de cambiar nada, ni me hizo sugerencias, simplemente me dijo que la decisión estaba tomada porque “en El Heraldo no se puede criticar a otros medios de comunicación”. No era la primera vez que tenía una interacción así con Arrieta: el viernes 17 de noviembre me llamó a decirme que debía cambiar el título de mi columna “A votar por De la Calle” (que iba a ser publicada el 18 de noviembre, un día antes de la consulta liberal), en donde digo que era importante participar en la consulta sólo para darle el chance a uno de los negociadores del proceso de paz de entrar a la contienda por la Presidencia. Arrieta me dijo que el periódico no permitía títulos panfletarios. La columna fue titulada tibiamente “Consulta decisiva”.

Según Arrieta, hay un manual para columnistas que está en ciernes, y espero que detalle todas estas cosas: que en El Heraldo no se critica a otros medios (y menos si son de los Char) y que no se puede apoyar públicamente a candidatos que no sean de Cambio Radical. Lo que quizás Arrieta no sabe, porque llegó al cargo recientemente, justo después de la salida de Abelardo de la Espriella, es que el tal manual se está gestando desde 2015. En noviembre 28 de ese año publiqué una columna que criticaba a la revista Miércoles! (la revista qué mas pauta vende en el periódico) por su abierta misoginia el 25 de noviembre (Día internacional contra las violencias que vivimos las mujeres). El 27 de noviembre, viernes, a las nueve de la noche, recibí una llamada de Marco Schwartz furioso porque no había llegado a tiempo al periódico para detener la publicación, y me decía que era “demasiado” desearle la muerte a una revista en mi columna. Todo esto parece una cosa menor, especialmente en un periódico que no levanta una ceja para publicar a un columnista (De la Espriella) que llama, incita y afirma que es necesario el asesinato del presidente de Venezuela, pero estas decisiones muestran claramente una línea editorial que el periódico no ha querido asumir de manera transparente.

El lunes 30 de noviembre de 2015 fui citada a la dirección de El Heraldo, en donde Schwartz me habló del dichoso manual que según él “prohibiría que un columnista criticara a otro, como sucede en el New York Times”. En ese entonces me tragué el sapo de esa mentira evidente, porque quería conservar el espacio en un periódico en donde esperaba seguir hablándole a la gente de mi tierra, el Caribe, especialmente a las mujeres, pero ahora que no tengo nada que perder, considero que es mi deber hacer esta historia pública, pues como mínimo me corresponde avisar a los y las colegas que aún opinan en ese diario que hay un montón de cosas que no pueden decir.

Sería bueno que estos parámetros no vinieran de la observación sistemática de la favorabilidad del periódico frente al alcalde y a Cambio Radical al punto que, en las esquinas barranquilleras, llaman a El Heraldo “PubliChar”. El prometido manual es urgente, pues me imagino que otros columnistas del periódico se están preguntando qué pueden decir y qué no, y con qué opinión los van a echar y qué cosas no pueden criticar. En su comunicado de la semana pasada, la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) afirma que “es preocupante esta situación, pues indica lo difícil que podrá ser el libre flujo de ideas e información en el departamento del Atlántico de cara a las elecciones presidenciales y legislativas del próximo año”, y que “estas determinaciones debilitan el debate público y el pluralismo de opiniones que deben caracterizar a un medio y a un país democrático”. ¿Que le espera al Caribe en las próximas elecciones, cuando el periódico más leído de la región se pela las rodillas para mantener contento al poder local?

 

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