Por: Manuel Drezner

Centenarios olvidados

Hace unos días mencioné que la Sinfónica había conmemorado el sesquicentenario del nacimientos de Gustav Mahler, pero se quedó en el tintero decir que curiosamente este fue el único centenario que se celebró y que a otros no menos importantes, pocos les pusieron atención.

Por ejemplo, Chopin nació en marzo de 1810, o sea que se celebraban 200 años de su nacimiento y en muchos países eso fue motivo para hacer ciclos completos de Chopin por grandes pianistas. Recuerdo que cuando se cumplió el primer centenario de su muerte, vino nadie menos que Solomon, el insigne pianista, a hacer un inolvidable ciclo con obras de este compositor. Pero esta vez pasó el centenario y aparte de algunos programas de radio y algún recuerdo en una columna periodística, nada. Pero a Chopin le fue mejor que a Schumann, cuyo bicentenario del nacimiento se cumplió el pasado junio, pero ninguna de sus grandes obras de música de cámara y para piano; ninguna de sus sinfonías y ninguna de sus canciones fueron interpretadas en Bogotá.

Yo quise hacerle un homenaje modesto (y como se verá el tiro me salió por la culata) con un amigo que iba en esos días a visitar la ciudad de Dusseldorf, donde está el puente desde el que el pobre y ya enloquecido Roberto trató de suicidarse arrojándose al Rin. Le pedí al amigo que ya que iba a ese sitio y el puente era tan central, en homenaje a Schumann, visitara el sitio donde hay una placa conmemorativa y pusiera una flor. El amigo me dijo, claro, él pondría la flor según instrucciones pero por favor, ¿quién era ese Schumann? Me imagino que todo el mundo sabe quién es Mark Twain, uno de los más importantes novelistas y humoristas de la literatura mundial, que cumplió en abril cien años de fallecido. Pero los suplementos literarios, hoy tan venidos a menos, tampoco dijeron una palabra sobre el creador de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn.

Menos conocido pero muy importante fue el escritor que firmaba O Henry. (O era el nombre en el pseudónimo y por eso no tiene ni punto ni apóstrofe) que se especializaba en cuentos cortos de final inesperado. Esos cuentos son un tesoro, como por ejemplo el de la pareja empobrecida en que la mujer vende su hermosa cabellera para comprarle como regalo de Navidad a su esposo una correa de oro para su reloj, para encontrar que éste ha vendido el reloj para comprar una diadema para su cabellera. Pues bien, O Henry murió en junio de 1910 y este fue otro de los centenarios ignorados.

Todo lo descrito es lástima, porque se pierde una oportunidad de recordar y homenajear a grandes creadores del pasado.

 

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