Por: José Roberto Acosta

Cero es mejor que menos cinco

Al tiempo que los precios de las acciones siguen cayendo, el precio de los bonos del Tesoro de los EE.UU. mejora, en contravía de lo esperado ante su rebaja de calificación.

Esta subida de precio de los bonos del Tesoro tiene como contraparte una reducción del rendimiento que ofrecen, a tal punto que hoy a un plazo de diez años rentan apenas el 2% al año. ¿Por qué comprar un activo financiero tan poco atractivo? Pues porque el resto de activos es menos atractivo en rendimiento. Es preferible asegurar el 2% al año por los próximos diez años, que sufrir el elevado riesgo de perder capital cada vez que se adquieren acciones.

Poner el dinero en empresas no compensa en rendimiento el riesgo de que estas quiebren, o que no generen utilidades satisfactorias, así que en lugar de pelear con sindicatos, la administración de impuestos, proveedores, etc., conviene poner el dinero en un título que, descontada la inflación, reporta rendimiento cero. Esto parece ser lo que piensan actualmente los inversionistas, que, a pesar de los bajos rendimientos, prevén que seguirán bajando. Algo similar ya sucedió en Japón, que mantiene el rendimiento de sus bonos casi en cero desde hace casi quince años, al tiempo que el precio de sus acciones sigue por debajo del 50% de su nivel máximo.

Lo grave es que, si las empresas dejan de ser el objetivo final de los excesos de capital y la inversión se frena, no habrá empleo, no habrá ingresos familiares y la crisis, que ya es grave, se profundizará a niveles sin precedente. Por ello, hasta los ricos europeos y estadounidenses han decidido poner de su parte para saldar las desequilibradas cuentas fiscales de los países desarrollados, no por un acto de caridad con el resto de la sociedad, sino por una medida de supervivencia, al anticipar que lo que está en juego es el modelo mismo de acumulación de riqueza.

La tradicional lógica del capital, orientada por la concentración en detrimento de la equidad, está colapsando. Ya los ricos están dispuestos a darse la pela, aunque en Colombia el despistado director de la DIAN los quiera revolver con una insipiente clase media que tiende a desaparecer y que nada tiene de potentada.

 

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