Por: Iván Mejía Álvarez

Cero tolerancia

Jorge Enrique Vélez sigue en campaña política, hablando y visitando medios, anunciando sus propuestas para hacer un fútbol mejor en la Dimayor. No sería malo e innecesario si todavía se estuviera en campaña, pero el período de presentación de planes ya terminó. Ya lo eligieron presidente y debería estar en fase 2, es decir, en la realización y ejecución de los proyectos y promesas.

Una de sus banderas es sentarse a dialogar con los presidentes y grupos empoderados, como los jefes de las barras bravas. Mala cosa, muy mala cosa.

Mientras Vélez dice que va a charlar y a socializar, las barras bravas de Nacional se encienden en una pelea en una tribuna de El Campín que obliga a la Dimayor a prohibirles la entrada en los próximos partidos en Bogotá. Mientras Vélez anuncia diálogos, la barra brava del Cali y la del Medellín se pelean a la salida de Palmaseca y detienen el tráfico durante una hora, protagonizan una batalla campal, a tal punto que la Alcaldía de Palmira castigó a los del Cali con cinco fechas de suspensión cerrando la tribuna que habitualmente ocupan, sancionando nuevamente al frío e inerte cemento.

Cuando Martínez fue presidente del Cali también creyó en la “socialización”, y hasta asados en la sede campestre les hizo. Ahí está el resultado: no sirvió para nada, esos tipos no entienden lenguajes de diálogo.

Nacional es pionero en eso de “hablar con esos muchachos”, y cada rato les hacen sus guachafitas y meten permanentemente a la administración verde en problemas.

Vélez debe conocer los daños que le han originado las barras bravas al fútbol colombiano, debe saber todos los estudios que se han hecho, debe estar enterado de la sangre y el dinero que les ha causado a los equipos y sus dirigentes la presencia de estos sujetos, que han terminado siendo mafias de reventa, tráfico de estupefacientes, acosadores y motivo de muertes y reyertas en estadios y sus alrededores, carreteras y calles del país.

Millonarios los sacó del reducto que ocupaban en el estadio y llenó de familias esa tribuna. Medida sincera, dura, que lastima los bolsillos del club, pero enhiesta y firme. Los barras bravas deben estar fuera del estadio, para que ahora el presidente de la Dimayor desautorice con sus “charlitas” con los cabecillas los procedimientos de los clubes.

Señor Vélez, las barras bravas no son tema de campaña. Ya el fútbol dijo que la tolerancia es cero y usted debe sujetarse a esos parámetros. Eso es todo.

 

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