Por: Ignacio Mantilla

Cerrando broches

Indudablemente, el cierre de una gestión debe hacerse con toda responsabilidad. No podría ser de otra forma, y es por ello que en el último mes al frente de la Rectoría de la Universidad Nacional no sólo se ha rendido cuentas públicamente, como lo establece la ley, sino que, además, hemos alcanzado unos importantes logros adicionales que, sumados a los muchos ya conocidos, nos llenan de satisfacción. El final de mi período como rector tiene unos brillantes y grandes broches para cerrar el impecable traje con el que se viste la universidad para recibir a mi sucesora.

El primero de estos broches, cerrado el último mes, fue la aprobación de la Ley de Honores de la Universidad Nacional, que cumplió los cuatro debates en el Congreso el día 3 de abril. Por unanimidad, con el aval de los ministerios de Hacienda y Educación, pasa ahora a sanción presidencial. Se trata de una ley por la cual la nación rinde homenaje y se vincula a la celebración del Sesquicentenario de la Universidad Nacional de Colombia, autorizando al Gobierno Nacional para que incorpore en el Presupuesto General de la Nación, durante cinco años consecutivos, $100.000 millones anuales. Con estos recursos, la universidad podrá realizar fuertes inversiones y crear la Beca Sesquicentenario, que tiene como propósito contribuir a que los estudiantes de los territorios más alejados y golpeados por la violencia en el país puedan formarse como profesionales en nuestra universidad.

El segundo broche de cierre tuvo lugar en Tumaco, el día 10 de abril, con el inicio de la obra de la segunda fase del campus para la sede de la Universidad Nacional en esta ciudad del Pacífico colombiano. Esto con el fin de construir cuatro nuevos edificios y aumentar la cobertura. Junto a la ministra de Educación, Yaneth Giha, y el embajador del Reino de los Países Bajos, Jeroen Roodenburg, cuyo gobierno ha donado 13 millones de euros para el proyecto, pusimos la primera piedra de esta construcción.

El tercer broche brilló desde el Consejo Académico, reunido en sesión ordinaria el día 13 de abril, en la cual se avaló la creación de dos nuevos programas de posgrado de la universidad: la maestría en Ciencias Naturales y el doctorado en Estética. Ambos, propuestos por grupos gestores de la sede Medellín, serán herramientas claves para la investigación interdisciplinaria en estos vastos campos.

No podían faltar las publicaciones en la fila de los broches de cierre de este traje: en efecto, presentamos este mes cuatro nuevos títulos de las colecciones de la Rectoría. Dentro de la colección Obras Escogidas, hemos publicado la obra completa de León de Greiff, compuesta por diez tomos y más de 8.000 páginas de prosa y poesía en una monumental edición que recoge la rica producción intelectual del maestro De Greiff y que estará disponible desde el día de mañana en la Feria del Libro de Bogotá. Dentro de la colección Apuntes Maestros tenemos el lanzamiento de la segunda edición del libro La Universidad Nacional en sus pasillos y fuera de ellos, de Ciro Quiroz. Se suma una obra que corresponde a una investigación del reconocido científico Aureliano Hernández, plasmada en el libro Supervivencia del embrión bovino, y por último, pero no menos importante, el libro sobre uno de los profesores de arquitectura más destacados en el país, Rafael Maldonado, esposo de la cineasta Camila Loboguerrero, quien promovió nuevas estructuras para las escuelas y vivió en un círculo intelectual que marcó el campo artístico del siglo XX. Su hijo, Lucas Maldonado, y María Acosta reconstruyeron su vida a partir de sus amigos, como el fotógrafo Hernán Díaz y las arquitectas Luz Amorocho y Silvia Arango, entre otros.

Un lindo broche apareció en la sede Medellín. Se trata de un acto de suma importancia para la reconciliación de los colombianos y para los estudiantes que cursan sus estudios en la Ciudad de la Eterna Primavera. La universidad recibió allí el fondo documental Fabiola Lalinde, uno de los aportes más importantes para las nuevas generaciones sobre hechos que no deben repetirse nunca más en nuestro país. Este fondo, que consta de 325 unidades documentales y 1.371 folios, da cuenta detallada de la búsqueda sin tregua de una mujer que nunca olvida a su hijo. Toda su labor es conocida como la Operación Cirirí (escrito así y no con s, y hace referencia al mismo pájaro que fastidia al gavilán), mediante la cual, durante más de tres décadas, se enfrentó a poderes que harían flaquear a cualquiera y sufrió una terrible persecución cuando intentó rescatar la memoria de su hijo Luis Fernando Lalinde, un joven estudiante de Sociología que fue detenido, torturado, desaparecido y posteriormente ejecutado por miembros del Ejército colombiano en la década de los años 80. En compañía de los profesores Rodrigo Uprimny Yepes y José Vicente Rodríguez, así como de diversos miembros de la comunidad académica, se puso a disposición no sólo de los estudiosos de las ciencias sociales, sino de las familias que han sido víctimas de la desaparición forzada y de los defensores de los derechos humanos, este fondo que resulta ser una herramienta pedagógica para la investigación y para evitar que estos hechos se repitan.

La donación de este archivo por parte de la familia Lalinde fue también una oportunidad para abotonar un broche más en Medellín al inaugurar esta semana la Plazoleta de la Memoria y el Aula Máxima de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, bautizada con el nombre de Martha Celina Restrepo Alzate, como homenaje a una mujer que, como profesora de la universidad, impulsó la ciencia económica en el país.

Pueden estar seguros, apreciados lectores, de que hasta el último día a la cabeza de la Rectoría de la Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos, trabajaré por el bienestar de los estudiantes y por un mejor país en materia de educación superior.

@MantillaIgnacio

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ignacio Mantilla

Mi última columna: hasta pronto

Grandes retos, grandes logros

Universidad Nacional: acceso con equidad

El Nobel de las Matemáticas