Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Cerros Orientales, capital social y ecológico

Los cerros orientales de Bogotá son el más valioso espacio disponible en la ciudad y por eso se los disputan entre constructores y defensores de este espacio como refugio de fauna y flora y lugar de formación y recreación para la ciudadanía.

Para la Feria Ambiental que se adelantó la semana pasada en la Plaza de los Artesanos en Bogotá, Amigos de la Montaña —una asociación de caminantes de los Cerros Orientales—, organizó el conversatorio “Caminándoles a nuestros Cerros Orientales”.

Según datos presentados por Amigos de la Montaña, por cada habitante, Bogotá sólo tiene 3,9 m² de espacio público verde. Esto es menos de la mitad de lo que la Organización Mundial de la Salud considera vital y menos de una cuarta parte de lo que se considera deseable para cualquier ciudad del mundo. La falta de espacio verde en parte explica el carácter violento del ciudadano. En términos de espacio público, somos la capital más densa y pobre del continente.

La posibilidad de darle un vuelco a esta situación y contribuir a la vida ciudadana depende de que hagamos efectiva la resolución 463 de 2005, expedida por el Ministerio de Ambiente: “Por medio de la cual se delimita la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, se adopta su zonificación y reglamentación de usos y se establecen las determinantes para el ordenamiento y manejo de los Cerros Orientales de Bogotá”. Esta reserva tiene una extensión de 14.000 hectáreas y llevaría el promedio de espacio público verde a 21 m² por habitante. Tenemos la oportunidad de ofrecerles a los bogotanos calidad de vida, recreación y formación ambiental.

Sin embargo, nuestro deficiente y complejo ecosistema institucional y legal hace que el Consejo de Estado aún no se haya manifestado respecto a la jurisdicción sobre los cerros para definir si la responsabilidad de su manejo es de la Alcaldía o de la CAR. Este vacío jurídico es eficientemente aprovechado por los constructores. Según denuncias públicas, en los cerros, en las goteras de Bogotá, al igual que en la sierra de La Macarena en el piedemonte del Amazonas, se construyen carreteras sin que nadie lo note. Además, según lo denunciaron participantes del foro, en la zona de páramo colindante en el municipio de La Calera hay permiso para construcciones de hasta cinco pisos.

El alcalde Petro anunció un pacto para los cerros, cuya convocatoria debe ampliarse pues instituciones como el Instituto Humboldt, Amigos de la Montaña y la Fundación Cerros de Bogotá están dispuestas a adherirse a este pacto, con acuerdos específicos de cooperación. Todos tenemos que trabajar para salvar este capital social y ecológico.

Si la gestión ciudadana logra poner en orden a las instituciones y hacer efectiva la reserva forestal, y la ciudadanía se apropia este espacio, Bogotá será una ciudad del primer mundo. A la fecha, ladrones, políticos y constructores tienen tomados los cerros y lo que no está construido es zona vedada para los ciudadanos pues los atracos están a la orden del día.

 

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