Chanchullos de Moncaleano

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Satena, sociedad de economía mixta, detectó hace varios años un sobreprecio en las primas de seguro de sus aeronaves. El intermediario del reaseguro, JLT RE, incrementó indebidamente el costo que por el riesgo cobraba el mercado reasegurador. Con el reaseguro un asegurador limita su exposición de pérdida a un monto razonable, según su solidez financiera, tipo de riesgo, etc. El seguro es un concepto elemental: la mala suerte de pocos es resarcida por los aportes de muchos. En el reaseguro el sector asegurador distribuye y dispersa el riesgo entre muchos. Londres ha sido por tradición el mercado de seguros y reaseguros más reconocido del mundo en seguros de aviación. A él se llega acompañado de un intermediario de reaseguros encargado, a nombre de la aseguradora y del asegurado, de gestionar los términos y las condiciones en que el mercado inglés asumiría el riesgo. Satena descubrió un sobreprecio de más de US$750.000 anuales en el reaseguro gestionado por JLT RE. Es decir, si el mercado cobraba US$1’250.000, JLT RE le informaba a Satena y al asegurador local que el reaseguro costaba US$2’000.000. Satena cambió de intermediario de reaseguros y logró negociar nuevos términos de reaseguro ahorrándose el sobrecosto.

El intermediario de reaseguros que le echó clavija a Satena estaba representado en Bogotá por Felipe Moncaleano Botero. En febrero, Moncaleano fue acusado penalmente en Miami por pagar sobornos al presidente de una empresa de seguros estatal de Ecuador en un contrato de reaseguros con el Ministerio de Defensa de ese país. Ese contrato se manejaba desde la oficina de JLT (Jardine Lloyd Thompson) en Bogotá. Moncaleano tuvo que entregar su pasaporte y someterse a un brazalete electrónico. Por el pago de sobornos, hecho desde cuentas bancarias en Estados Unidos, se le acusa de lavado de activos. Su negocio con Satena duró tres o cuatro años. Se puede pues calcular que le birló a la compañía US$2 o US$3 millones.

Moncaleano tuvo por muchos años contratos de reaseguros con la Policía Nacional, el Ministerio de Defensa y con empresas del sector eléctrico como EPM. Esos negocios valían mucho más que el de Satena. Si con las pólizas de reaseguro del sector eléctrico, que valen más que las de aeronaves de Satena, cobraba sobreprecios mucho mayores a los US$750.000, podríamos decir que los sobrecostos que les cargaba a esas entidades podían ascender en un año a US$3 millones. Moncaleano empezó en el ramo de seguros en 1977. Suponiendo que su época dorada con entidades oficiales duró solamente diez años (en realidad fueron más), estamos hablando de sobrecostos totales de unos US$30 millones. Es decir, más que los sobornos pagados por Odebrecht, que la Fiscalía estimó en $84.000 millones. Ninguna autoridad está investigando a Moncaleano en Colombia, pese a que pudo haber cometido un daño a las finanzas de entidades públicas superior a todos los ilícitos de Gabriel García Morales, Otto Bula, Federico Gaviria, Eduardo Zambrano Caicedo, el Ñoño Elías y otros caballeros de la Orden del Serrucho. Ninguna de las entidades públicas que en el pasado negociaban con el zar de reaseguros en Colombia, Felipe Moncaleano Botero, ha ordenado investigar los contratos celebrados anteriormente con un acusado de lavado de activos. El Ministerio de Hacienda, por ejemplo, no ha vetado a Moncaleano. La sola noticia de la acusación penal en su contra debería ser suficiente para ponerlo en la lista negra. ¿Será que Moncaleano recicló parte de los sobreprecios para sobornar a funcionarios públicos?

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