Por: Humberto de la Calle

Chao, Bolton; “hello”, TIAR. ¿Y Cuba?

No solo se fue Bolton, sino que se fue regañado. Trump dice que no estuvo de acuerdo con su halcón en el manejo de Venezuela. Vivir para ver. Esto debería significar que se reafirma una estrategia paralela de negociación. No obstante, Colombia en la OEA acaba de promover el renacimiento del Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR). Aunque en honor a la verdad, la apelación al artículo sexto alude a mecanismos no militares. Pero como todos ellos venían siendo utilizados ya sin necesidad de acudir a ese Tratado, lo nuevo, pues, es que éste abre la puerta al uso de la fuerza. Hay, entonces, un caso de ambigüedad creativa. Una técnica que no es nueva, pero tiene sus riesgos. El que saca el arma puede verse obligado a usarla aun si esa no era su idea original. Por lo pronto, la que vimos fue una escena con olor a viejo: el TIAR nació en 1947 en preparación para la Guerra Fría. Muy buena parte de Latinoamérica llegó allí a regañadientes. Y no son pocas las cancillerías que se han negado sistemáticamente a su utilización. Otras se han retirado. El Gobierno tiene razón en condenar el régimen de Venezuela. El propio doctor Duque lo denunció ante el Tribunal de Roma. Pero sacar a relucir el TIAR agrega un riesgo nuevo a la política exterior de Colombia: el de la dispersión. La OEA queda en el congelador. Varias cancillerías no apoyaron la convocatoria en la reunión del miércoles, y no son propiamente adictas al socialismo del siglo XXI. Uruguay, Costa Rica, Perú y Panamá, por ejemplo. Y otras, aunque votaron a favor, lo hicieron con expresa reserva contra el uso de la fuerza. Si la cosa en la inminente reunión de cancilleres se complica, el consenso logrado exitosamente por Duque puede verse afectado.

Para completar este cuadro, viene la jugada para arrinconar a Cuba. De una vez digamos que el socialismo cubano ha fracasado. Ya me acostumbré a que me digan castrochavista contra toda evidencia. Pero lo cierto es que Cuba ha apostado de vieja data por la paz en Colombia. El propio Fidel señaló que el uso de la violencia era una receta obsoleta. El encuadramiento de Cuba en el hemisferio mejoró con Obama. El problema ahora es entre éste, los demócratas, y Trump. Es un juego electoral interno en EE. UU. Sin desconocer el carácter de aliado de los norteamericanos, ¿vale la pena apostarle con tanta pasión a un problema que, aunque no es totalmente ajeno, busca sacar del camino al gobierno cubano que ha sido clave varias veces en el manejo de nuestro conflicto interno? ¿Es recomendable hundir más la cabeza en un laberinto dejando de lado gobiernos de signo ideológico diferente, pero que han jugado lealmente? La mejor política exterior es la que se ha regido por nuestros intereses y no por matrimonios ideológicos.

Y ahí salta el tema del Eln. Duque no tenía más remedio que romper conversaciones con ese grupo después del salvaje atentado reciente. Pero acorralar a Cuba, con quien había un protocolo de salida, acudiendo ahora a la Interpol, permite ganar aplausos, pero significa aislarse más. Para la búsqueda de la paz completa necesitamos más amigos, no más enemigos. Sobre todo, países que puedan tener interlocución con los rebeldes.

Coda. ¿Y la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores? ¿No es éste el caso de una política exterior concertada y compartida, verdaderamente nacional?

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2019-09-15T00:00:48-05:00

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2019-09-15T02:51:32-05:00

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