Por: Antonio Casale
Mucha bola

Chau, Rusia

Terminó un Mundial hermoso como todos. Se fue un mes de convivencia, hermandad y respeto en las diferencias gracias a un balón. Ya superaremos la tusa, como tiene que hacerse cada cuatro años.

Por casualidad Perú, siempre que ha jugado mundiales, lo ha hecho contra el que al final queda campeón. Enfrentaron a Brasil en el 70, a Argentina en el 78, a Italia en el 82 y a Francia en 2018. Lo que no es casualidad es que el equipo galo haya quedado campeón esta vez.

Los de Deschamps fueron creciendo a medida que avanzó el Mundial. Después de un comienzo dudoso en la fase de grupos no tuvieron atenuantes para eliminar a Argentina, Uruguay, Bélgica y Croacia. No solamente tienen a la mayor cantidad de buenos jugadores, que los tienen, sino que en lo colectivo son equilibrados, sufren poco atrás y generan peligro adelante, a través de variantes como la pelota quieta, la velocidad por los costados, el juego interior y la pelota aérea. El repertorio es el más completo.

Croacia reivindicó valores que a veces se olvidan. La capacidad de resiliencia demostrada al remontar cuatro marcadores adversos y el corazón que le pusieron al Mundial, complementado, por supuesto, con talento, aunque sin que le sobrara nada, deja una huella imborrable para la historia de los mundiales.

En deuda se fue Suramérica. Ojalá, aunque es poco probable, la plata del fútbol se invierta en su desarrollo, porque la brecha es cada vez más grande con Europa. Dentro de ese mar de mediocridad se destaca el corazón uruguayo, la vistosidad peruana y la capacidad colombiana para llegar a una segunda ronda mundialista, de manera consecutiva.

Se acabó la Copa Mundo del VAR, que sirvió para convencer a los más escépticos de que la tecnología no tiene por qué acabar con la esencia de este deporte.

Le dieron el Balón de Oro a Modric, merecido, aunque le debieron hacer un reconocimiento a Griezmann. El Guante de Oro fue para el belga Courtois, pero Subasic, Lloris y Pickford dejaron el honor del oficio de arquero en alto. El premio al mejor jugador joven fue para Mbappé que además anunció que tiene serias intenciones de heredar el trono de Messi y Cristiano con un adicional que logró desde muy temprano, el título de campeón mundial.

En materia táctica, se pasó la página del fútbol de posesión y progresión para dar paso a uno igualmente propositivo, pero con menos pases, más verticalidad y mayores exigencias físicas. El mundo y el balón seguirán rodando. Gracias pelota.

 

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