Por: Arlene B. Tickner

Chávez, América Latina y Colombia

Independientemente de si la reelección de Hugo Chávez –cuya limpieza ha sido reconocida unáninamente– es buena o mala para la población venezolana, no cabe duda de que puede ser conveniente para algunos gobiernos de América Latina, incluyendo el de Colombia.

 En el caso de Cuba, por ejemplo, garantiza el flujo gratuito de petróleo así como una válvula de escape para el exceso de médicos, maestros y militares de ese país. Para los miembros del ALBA, además de combustible subsidiado, permite pensar en la continuidad de un proyecto alternativo de integración regional, para el cual la figura del presidente bolivariano ha sido primordial.

Por su parte, Argentina y Brasil se han beneficiado de la cercanía ideológica con Chávez y del control que ejerce ése sobre las relaciones comerciales venezolanas para profundizar su intercambio económico. No es tan sorpresivo de allí que el ex presidente Lula haya apoyado explícitamente la reelección, pese a la plataforma lulista del candidato Henrique Capriles y el hecho de contar con asesores brasileños. Desde 2003 el comercio entre Brasil y Venezuela se ha quintuplicado, ascendiendo a $5.861 millones en 2011, con un superávit considerable a favor del primero. Con Argentina también ha crecido de $526 a casi $2.000 millones entre 2006 y 2011. El ingreso reciente de Venezuela al Mercado Común del Sur intensificará esta tendencia.

En lo comercial, el acercamiento de Chávez a Brasil y Argentina –países con los que los productos colombianos compiten en el mercado venezolano– y su admisión a Mercosur no favorecen a Colombia. Luego de ser Venezuela el segundo socio comercial del país y de ascender las exportaciones colombianas a más de $6.000 millones en 2008, éstas bajaron a $1.423 en 2010, subiendo nuevamente a $1.750 en 2011. Sin embargo, en la medida en que los dos países tengan un tratado de preferencias arancelarias, que el vecino sea destino de productos industrializados y que el programa asistencialista de Chávez fomente el consumo interno, Venezuela seguirá revistiendo enorme importancia económica.

Más significativas aún son las implicaciones políticas de la continuación de Chávez en el poder. Es bien sabido que su participación en el proceso de paz con las Farc puede ser fundamental, dada la legitimidad y confianza que inspira ante la guerrilla y la influencia que ejerce sobre ella. No menos importante es la cooperación pragmática que el presidente Juan Manuel Santos ha forjado con su homólogo en torno a temas de seguridad en la frontera. Como resultado de ella ha sido capturado un número no despreciable de criminales y guerrilleros en territorio venezolano, lo cual apunta a cierta sintonía entre los dos gobiernos en cuanto a sus respectivos intereses y necesidades políticas. Dado el control cada vez más precario que Caracas ejerce sobre lo que ocurre en la zona fronteriza así como la crisis general de inseguridad que asedia al país, a Chávez le conviene mostrarse activo frente al narcotráfico y el crimen y eso le conviene a Colombia.

La principal disyuntiva que plantea la reelección es la salud del mandatario. Si bien Chávez es funcional para muchos países latinoamericanos, no se puede afirmar lo mismo del chavismo. Las divisiones que existen al interior del PSUV y dentro de las fuerzas armadas hacen pensar que el verdadero peligro de la coyuntura actual es la sucesión.

 

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