Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Chávez colombiano?: posible, mas no probable

Muchos se preguntan si en Colombia existe la posibilidad de que surja un Chávez.

En opinión del autor de esta nota, siendo posible, no es probable. Y no es probable por las siguientes razones:

1. En Venezuela, en donde la figura de Bolívar aparece en todo, desde la más pequeña escuela, biblioteca o parque hasta la moneda (bolívar), se abrió el espacio para que Chávez dejara entender, sin ruborizarse, que él era Bolívar. Él mismo se encargó de modificar el nombre del país a “República Bolivariana”. (Si en Francia o en España alguien se presentara como la reencarnación de Bonaparte o el Cid Campeador, con absoluta certeza lo llevarían al sanatorio mas cercano). En Colombia se respeta la memoria de nuestros héroes de la independencia, principalmente la de Bolívar y Santander, pero no se los idolatra o venera, y sólo el más redomado loco se atrevería a anunciarse como la reencarnación de unos de nuestros próceres.

Hace unos meses Chávez ordenó desenterrar los restos de Bolívar. En su día los guasones circulaban el rumor de que “Chávez no le mostró a Venezuela los restos de Bolívar, sino que le mostró a Bolívar los restos de Venezuela”. En Colombia, como lo señalaba Nieves en su viñeta del domingo 22 de abril, “Afortunadamente no tenemos líderes embalsamables”. Decimos gracias a Dios, porque embalsamar a sus líderes es propio de las sociedades totalitarias: es concebible un Stalin o un Mao embalsamado, mas no un Churchill.

Ahora bien, es posible que Maduro logre —parado encima del ataúd de Chávez— ser elegido. Pero de ahí a convertir el chavismo en un movimiento caudillista que perdure en el tiempo, hay enorme distancia.

2. Entre Colombia y Venezuela existen diferencias en su historia, su cultura y sus costumbres políticas, principalmente en referencia a la tradición caudillista. Rodolfo Segovia (Portafolio, marzo 7/13), afirma: “Después de Páez, la sucesión caudillista venezolana se prolonga casi ininterrumpida, sin que retozos democráticos fuesen más que cortinas de humo o estertores de algunos idealistas, hasta mediados del siglo XX: los hermanos Monagas, Antonio Guzmán Blanco, Joaquín Crespo, Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Pérez Jiménez”. Para Gabriel Silva (El Tiempo, marzo 11 /13), “Chávez se burlaba de nuestro apego al debido proceso, a los ritos constitucionales, a la vigencia de la ley, a las formas y procedimientos de un Estado de derecho... y citaba con frecuencia la falsa dialéctica entre una Venezuela caribe, folclórica y libertaria, y una Colombia legalista, centralista, andina e insensible”.

3. El éxito de Chávez se debe principalmente a que supo repartir con habilidad la “mermelada” que representaron los descomunales ingresos del petróleo en los últimos tres lustros. Bobalicones como José Mujica, el presidente de Uruguay, afirman que Chávez era el “hombre más generoso del mundo”, haciendo caso omiso de que la generosidad del coronel no provenía de su propio peculio sino de lo que debería ser el patrimonio de la totalidad de los venezolanos. Y si bien Chávez fue generoso con los menos favorecidos de Venezuela, repartía las dádivas a título personal, no como representante del Estado. Chávez fue igualmente generoso con muchos países, especialmente con Cuba, a quien daba cerca de $6.000 millones al año en subsidios. Pero todo parece indicar que fue especialmente generoso con su familia, a la que dejó la no despreciable fortuna de US$2.000 millones.

En Colombia, abusar de la riqueza de la Nación (utilizando como ejemplo los recursos de Ecopetrol como caja menor) no es una opción realista. Y si bien muchos mandatarios locales —con algo de éxito— han utilizado las regalías, o la caja de las empresas municipales para fines electorales, son cifras de menor cuantía que difícilmente alcanzan para mantener el poder local.

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