Por: Daniel García-Peña

Chávez contra la izquierda

TOTALMENTE INACEPTABLES LAS recientes declaraciones del presidente Chávez acerca de la intención de utilizar al Polo Democrático para expandir su proyecto bolivariano en Colombia.

Hicieron bien los diferentes dirigentes en rechazarlas, siendo Gustavo Petro el más categórico: “El Polo no puede ser apéndice de un gobierno extranjero”.

Así como Chávez exige respeto por la soberanía venezolana, debe respetar la soberanía colombiana, particularmente la de quienes él reclama como sus amigos. Pero las palabras de Chávez, y sobre todo sus acciones, merecen ser rechazadas, no sólo por constituir una intervención indebida en los asuntos internos, sino máxime porque algunas de ellas contradicen los principios e intereses de la propia izquierda democrática latinoamericana.

Si bien Chávez está en su derecho de no compartir, con razón, la decisión del gobierno de Uribe de permitir el acceso de tropas gringas a siete bases colombianas y de expresar su preocupación por la forma inconsulta y ambigua con la cual el tema se manejó por Bogotá y Washington desde el inicio, sus reacciones, ahora y antes, han sido totalmente desproporcionadas, contraproducentes y contrarias al espíritu de la unidad latinoamericana y la hermandad bolivariana.

Primero, su decisión de impulsar el armamentismo es negativa para las relaciones entre nuestros dos países “mellizos”, genera inestabilidad en toda la región y va en contravía de los ideales democráticos y progresistas. Las carreras armamentistas sólo benefician a los militares y han sido precisamente las izquierdas en América Latina —y los pueblos que decimos defender— quienes más han padecido las armas del militarismo. La unidad latinoamericana debe basarse en el anhelo de convertir nuestro continente en un territorio libre de armas y no un escenario aprovechable sólo por sus productores y vendedores, que se encuentran casi todos en los países del norte.

Justificarse en la supuesta defensa frente a una eventual invasión de los Estados Unidos no tiene ni pies ni cabeza. Primero, no creo que sea muy creíble que la administración Obama esté interesada en invadir a Venezuela. Y en segundo lugar, aun si esta hipotética invasión llegara a suceder, por mucho armamento sofisticado que les compre a los rusos, no es mucho lo que le sirva para efectivamente defenderse.

Igualmente inaceptable, reitero, desde una óptica de izquierda democrática, es la decisión de Chávez de utilizar el comercio entre nuestras dos naciones como instrumento de retaliación contra las políticas de Uribe. Los verdaderamente afectados son los pueblos de los dos países, empezando por las poblaciones en ambos lados de una de las fronteras más ricas e interconectadas de América. No es Uribe ni la “oligarquía” los únicos que se perjudican por el cierre del comercio, sino también los trabajadores y pequeños empresarios.

Finalmente, sería importante que Chávez entendiera que quien más se beneficia políticamente con la exacerbación del nacionalismo y chauvinismo en Colombia que sus palabras suscitan, es el propio Uribe, en desmedro, por supuesto, de la izquierda democrática. Con amigos así...

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