Por: Humberto de la Calle

Chávez el necesario

Sigo pensando que Uribe protegió el interés nacional cuando le plantó cara a Chávez. Y que el descongelamiento de las relaciones a partir de Santos sólo pudo lograrse por la actitud anterior del gobierno colombiano. Un episodio no se puede entender sin el acaecimiento del otro. Está muy bien una política de apertura hacia Venezuela, necesaria por mil motivos, pero Uribe obró bien en las circunstancias que le correspondieron.

De todos modos, aún un Chávez al parecer menos insolidario con Colombia, no es el mejor vecino. Con su ciclotímica manía intervencionista, siempre es un incordio.

Pero hay algo peor que Chávez: una situación de inestabilidad a causa de un hipotético agravamiento de la salud del presidente puede llegar a ser un panorama todavía más preocupante.

Se sabe que esta posibilidad está siendo examinada en los círculos íntimos del gobierno venezolano. De hecho, ante las elecciones primarias programadas por la oposición para febrero de 2010, un plan de emergencia implicaría el acceso al poder en diciembre de Adán Coromoto Chávez Frías, su hermano. Es la opción cubana. Pero Cuba entiende que lo ideal sería un Adán elegido, no señalado a dedo por Hugo.

Del otro lado, están los exmilitares históricos comandados ahora por Diosdado Cabello. Allí se agrupan entre otros, los oficiales purgados por recomendación de Cuba en 2007 y 2008 bajo cargos de corrupción. Tienen nostalgia de poder. Los expulsados fueron reemplazados por civiles de confianza pertenecientes al Frente Francisco Miranda leales a Cuba. Reciben apoyo de la médula actual del régimen: Maduro, Jaua, Izarra, Ramírez, Rangel Silva, Alí Rodríguez.

Los eslóganes que ya se oyen son la preparación de la transición: “Chávez siempre es Chávez”, “Con Chávez sigue gobernando el pueblo” son un indicativo de la utilización del apellido para atornillar a Adán en el caso de defección del presidente.

El problema es que en un momento de turbulencia, podría llegar al poder la cúpula militar destronada, más amiga de las FARC, más enredada en narcotráfico.

Por el lado de la oposición, no se ve todavía una configuración capaz de hacerse con el poder. No se puede descartar que las circunstancias les impongan disciplina. Pero los equipos de la oposición no igualan al chavismo en organización, fe, entusiasmo y trabajo denodado. Algunos síntomas les favorecen. Encuestas secretas del gobierno muestran que el apoyo a Chávez ha bajado al 57% aunque la enfermedad puede haber aumentado la cifra. La misma cifra, 57%, es el número de personas que no votarían por un candidato de Chávez en el Estado Miranda.

En una situación de conflicto, el Ejército, hoy leal a Hugo, se erigiría como árbitro supremo. Manes de esta adolorida América Latina. Pero se sabe que el generalato ha dicho que sólo intervendría si hay apoyo popular a una solución militar. “No vamos a disparar contra el pueblo”, es la consigna en los cuarteles.

En medio de todo esto, es claro que el temor del caos protege a Hugo. Y desde Colombia, el fenómeno es el mismo. Chávez se nos ha vuelto necesario. El desenfreno sería lo peor. Si la enfermedad progresa, para Colombia, y también para el continente, lo mejor es una transición controlada, que se tome un tiempo prudencial y que evite sobresaltos mayúsculos.

 

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