Por: Columnista invitado

Chávez en el ajedrez mundial

Los ojos del mundo estuvieron puestos sobre Venezuela, un país que siempre había tenido en su inserción internacional el componente petrolero y que había defendido los lineamientos de la integración latinoamericana, pero cuyas instituciones habían sido construidas y reformuladas en beneficio de unos cuantos, en detrimento de la mayoría de la población.

La Venezuela de la concertación establecida por el puntofijismo mantenía el statu quo de su clase dominante y de las hegemonías regionales. Venezuela era una potencia energética en el mapa mundial, sin voz ni veto. El presidente Hugo Chávez llegó a la presidencia a ocupar ese enorme espacio vacío dejado por ese Estado que gobernaba para muy pocos, mientras la pobreza y la miseria avanzaban. Sin sombra de duda, más que presidente, Chávez se convirtió en un líder mesiánico, adorado por las poblaciones vulnerables, base popular del chavismo, y odiado por los grandes grupos económicos.

Los 13 años del presidente Chávez tocaron no solamente a estructuras tradicionales de poder en Venezuela, sino también en la región, en dónde se nota el avance de una ola progresista, con distintos matices. Después de la implementación del chavismo, que se sustenta en el socialismo del siglo XXI, Venezuela ha reiterado su estatus de potencia energética, puso un fuerte componente ideológico en la negociación de sus barriles de petróleo y su afortunado precio en los últimos años, estableció una diplomacia petrolera a cambio de aliados políticos y de ayuda especializada como la de los miles de médicos cubanos que hoy prestan servicio al país.

Chávez ganó. Su victoria indica la continuidad del régimen político y del movimiento chavista. Venezuela seguirá jugando un papel importante en el ajedrez geopolítico continental, seguirá siendo un obstáculo para los proyectos estratégicos de Estados Unidos en la región, un vecino políticamente incómodo que Colombia tendrá que manejar con cuidado diplomático, podrá contribuir para establecer un nuevo equilibrio de poder en el Mercosur, fortalecerá la Alba y dará voz al Caribe. Iniciativas como Alba, Petrocaribe y Banco del Sur, y hasta Unasur, muchas de ellas con fuerte influencia venezolana, serán fortalecidas y ampliarán el margen de maniobra de la cooperación Sur-Sur.

 

* Beatriz Miranda

 

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