Por: Columnista invitado

Chávez, las Farc y el proceso de paz

La relación de Hugo Chávez con las Farc se ha caracterizado, entre otras cosas, por ser de continua redefinición y respuesta al intrincado contexto geopolítico experimentado por las relaciones Bogotá-Caracas en la última década. Baste con observar su evolución, desde la connivencia con la causa guerrillera hasta el propósito firme de negociar y buscar una salida pacífica al conflicto armado.

El bolivarismo nunca estuvo presente en la ideología de las Farc, de origen marxista-leninista y con un marcado agrarismo radical, hasta mediados de los noventa. Es entonces cuando la caída de la URSS primero y la llegada de Chávez al poder después marcan dos hitos trascendentales en la evolución ideológica de la guerrilla.

Con la llegada de Álvaro Uribe al poder, en 2002, se produce con Venezuela la confrontación de dos códigos geopolíticos opuestos dentro de un contexto internacional cambiante como que se inicia tras el 11-S. Así, las Farc y el chavismo empiezan a consolidar una relación erigida desde intereses comunes que a vista del uribismo no es más que la máxima expresión de lo que se concibe como un “enemigo” interior y exterior.

Para Chávez las Farc son la expresión de un modelo de Estado social colombiano irresoluto, con desatenciones estructurales por resolver y que la Política de Seguridad Democrática no hace sino poner de manifiesto. Es entonces donde el bolivarismo, como modelo transformador del Estado, se sirve de una narrativa válida para las Farc y que encuentra un elemento de menoscabo frente al concebido modelo reaccionario propio del uribismo, reproductor de la violencia y opuesto a cualquier atisbo de diálogo de paz.

La lectura de este escenario es perfectamente leída por la administración Santos, que aparte de resolver “de un plumazo” la tensión diplomática con Venezuela, consigue redefinir la posición de Chávez en su relación con las Farc.

Sobre la base de una actitud mucho más dialogante y menos beligerante, la renovada relación entre Venezuela y Colombia obliga a esta guerrilla a tener que replantear una guerra inútil, mutuamente dolorosa, donde el bolivarismo puede desarrollar una posición más constructiva.

De acuerdo con una realidad como que el conflicto nunca podrá resolverse por las armas, Chávez abogó desde entonces, como siempre hizo Cuba, por promover una salida negociada al mismo. Ello, en tanto y en cuanto permite la integración en la vida política de la guerrilla y la correspondiente inclusión del bolivarismo en Colombia, aceptado de buen grado por movimientos como la Marcha Patriótica o partidos como el Polo Democrático o el Partido Comunista legal o clandestino.

Relación mutuamente instrumentalizada o no, lo cierto es que no se puede negar la importancia de Chávez en el proceso de paz como armonizador de las posiciones del actual gobierno y las Farc, pues, más que Cuba, representa una figura que, dadas las circunstancias, responde y satisface a uno y otro interlocutor.

Podrá gustar más o menos, pero su relevancia ha devenido innegable en el transcurso de las aproximaciones previas y los inicios de este proceso de paz. Un proceso de paz donde Maduro, su natural continuador de no retornar la figura de Chávez, garantiza el beneplácito de guerrilla y Gobierno colombiano como garante del proceso. Además, su experiencia como canciller le confiere un valor que mantiene inalterado, suceda lo que suceda con el mandatario venezolano, el compromiso y el rol nuclear de Venezuela en la consecución de la paz en Colombia.

 

*Jerónimo Ríos Sierra

 

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