Por: Francisco Leal Buitrago

Chávez: una búsqueda de inmortalidad

Los golpes de Estado se volvieron obsoletos tras el avance de la globalización a la sombra de la democracia liberal. Surgieron así remedos democráticos que se conjugaron con la flexibilidad de organismos internacionales.

Ejemplo es la recuperación del tradicional caudillismo venezolano por parte de Chávez, tras cuatro décadas de democracia representativa. Chávez encontró un panorama diferente al de los antiguos caudillos, que supo aprovechar.

El fantasma del comunismo había pasado a la historia y la hegemonía de EE. UU. en el continente comenzaba su declive. El caudillismo de Chávez pudo entonces iniciar una nueva época, una peculiar ideología socialista con emblema bolivariano.

Chávez aprovechó la relativa debilidad gringa para buscar con renovados métodos el agotado liderazgo cubano de la izquierda, bajo la tutela de los hermanos Castro y la intromisión cubana en seguridad y políticas de Venezuela. Aunque sus intentos de arrinconar a la OEA no prosperaron, sacó ventaja de su fragilidad para apoyar contrapesos como la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSAN) y su reemplazo la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). La Alianza Bolivariana para los Pueblos (ALBA) surgió de su iniciativa y liderazgo.

En el trasegar internacional para implantar su liderazgo regional, Chávez se encontró con la competencia de Brasil, pero pudo capotearla. Buscó entonces salidas con socios de ultramar, caracterizados por ser opuestos a Estados Unidos. Sus tímidas críticas iniciales al imperialismose tornaron abiertas a medida que los precios del petróleo se encumbraron y se presentaron coincidencias por conveniencia entre miembros de la OPEP. Mientras tanto, se afianzaba su poder doméstico tras salir airoso de intentos desestabilizadores.

De esta manera, Chávez fue acaparando el poder político, aumentando los organismos de seguridad, politizando la Fuerza Armada, expropiando empresas reacias a sus pretensiones y manejando a su antojo los inmensos ingresos petroleros. Su retórica espontánea halló terreno fértil en la cultura popular y la aliñó con el catolicismo de su pueblo y mensajes populistas. Su autoritarismo lo orientó con medidas puntuales para beneficio de sectores marginados. Sus políticas, con sabor asistencialista, abarcan variados problemas sociales y cuentan con la colaboración cubana. Con estas acciones, y escasa calidad en sectores críticos como el de la educación, logró reducir la pobreza, en contraste con la mayoría de países de la región.

Pero hay problemas que podrían desbarajustar el régimen caudillista entronizado. Por definición, todo caudillismo es personalista. Por eso, la fastuosidad de su sepelio y la decisión de mantener la presencia física de Chávez al embalsamarlo no es sólo cuestión de amor. Además, Venezuela se mantiene entre los países con mayor inseguridad ciudadana. Y el despelote en que desembocó la economía se lo cobrarán a los sucesores. ¿Se sostendrán los altos precios internacionales del petróleo? ¿Podrá compaginarse la persistente inflación y el creciente gasto público –incluida la ayuda a países del ALBA– con la redistribución del ingreso? ¿Podrá mantenerse la falta de control del gasto público sin que se expanda la corrupción y se afecte la redistribución del ingreso? Estos son los problemas que se perciben frente a la afanosa búsqueda de inmortalidad de Chávez.

 

 

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