Por: Luis Carvajal Basto

Chávez y Correa contra Colombia: lo que está en juego

Más allá de la interferencia en la política Colombiana, la ofensiva de estos gobiernos quiere cambiar las reglas de juego en América Latina. Para empezar, el foro natural no es Unasur sino  la OEA.

Las restricciones de los gobiernos de Chávez y Correa a las exportaciones Colombianas buscan crear en Colombia un clima adverso para la continuidad de las políticas de Uribe en vísperas de las elecciones Presidenciales. Esperan reacciones de empresarios y trabajadores. Quieren ponernos Presidente.

Juzgan equivocadamente a los colombianos. En lugar de eso, Uribe mantiene su imagen positiva cerca del 80% en una encuesta publicada el 30 de julio y, de no ser por las interpretaciones exegéticas y acomodadas a la pregunta que promovió el referendo para su reelección y si el Presidente lo quisiera, esta sería un hecho cumplido.
Pero ese no es el problema de fondo y lo que está planteado en Latinoamérica, frente a Chávez y sus amigos, es la disyuntiva  entre Democracia y un autoritarismo  populista solapado, que alguien, en algún momento, debe detener al menor costo posible para nuestros pueblos.

La manera en que Chávez dispone del petróleo y los dólares de los venezolanos, no sería aceptada jamás en Colombia o cualquier país democrático. Menos, que se haga a costas de deuda (se incrementó en el último año en un 50%) y ventas futuras de sus recursos energéticos .Es un “socialismo” al debe, que será pagado por las futuras generaciones de venezolanos, quienes heredaran un patrimonio negativo.

Para ello, y ante el fracaso de su propuesta de cambio constitucional en 2007, gobierna con decretos que tienen fuerza de Ley. Recientemente profesores universitarios y decanos de su país, le recordaron que Venezuela es un Estado de Derecho, todavía. El chantaje a los medios, luego del cierre de rctv, quiere ser apuntalado con una “Ley especial contra delitos mediáticos” que busca silenciar las divergencias.

Chávez, aparte de los recursos públicos presentes y futuros, dispone a discreción de las reservas con las que manipula a importadores, empresarios y a todo el que se le oponga. Soportado en el discurso obsoleto y para ingenuos, de una balanza comercial deficitaria con Colombia, cierra fronteras, amenaza con tanques y aviones en los que ha gastado millones, trae la armada Rusa a patrullar el Caribe, pero pone el grito en el cielo si firmamos un convenio con una democracia vecina y amiga. ¿Si eso no es entrometerse en los asuntos de Colombia entonces qué es?

Pero es lo que ha venido haciendo en Latinoamérica con una diplomacia que combina petróleo barato y discursos más baratos. ¿Será por eso que se autoproclama liberador de los pobres? Está garantizado: mantendrá a los menos favorecidos de su país en la misma condición por décadas y para ello arrasó con la libre empresa, la diversificación de la producción, la seguridad jurídica y la inversión y ahora quiere exportar el modelo de semejante fracaso. No, gracias, pasamos.

Los Presidentes Bachelet y Lula han asumido la misión de llevar a Unasur la discusión acerca de los efectos del tratado entre Colombia y los Estados Unidos. Deberían hacer lo propio ante la OEA, llevando también los que tendrá la carrera armamentista de Chávez y sus tratados con Rusia, que incluyen energía nuclear y miedo, al estilo de Irán, y su intromisión, ya insoportable, en toda América.

De no ser así darían la impresión de que a cambio de petróleo barato están haciendo un mandado a un Presidente que podría transformar su verbo incendiario en un incendio de verdad y del que nadie, empezando por sus conciudadanos, evitaría salir damnificado.

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