Chavismo en Colombia

Desvaría el presidente Hugo Chávez al creer que los colombianos nos vamos a matricular en su movimiento mal llamado “bolivariano”, apoyando sus ansias expansionistas a cambio de “petrodólares”.

En Colombia la dignidad nacional es sagrada y nunca hemos permitido que se inmiscuyan en nuestros asuntos internos. El único gobernante extranjero que hemos tenido fue el padre y fundador de la patria, Simón Bolívar, del cual aprendimos los valores democráticos y civiles que sentaron las bases de nuestra Nación: por eso aquí no hay dictadores ni tiranozuelos, sino líderes elegidos constitucionalmente con el voto del pueblo.

 Alejandro Osorio V. Bogotá.

Intervención gubernamental

El nombramiento de Gabriel Silva Luján como ministro de Defensa Nacional dio lugar a que se crearan situaciones de incertidumbre en la dirigencia del gremio cafetero.

Para reemplazarlo como gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros el conducto natural dentro de la organización es el congreso cafetero, reunido extraordinariamente con plena autonomía como lo consignan los estatutos de la agremiación.

No obstante, el Gobierno Nacional ha tomado parte en la intervención directa, interfiriendo facultades potestativas y exclusivas de sus afiliados, los caficultores, para superar estos vacíos transitorios de la dirigencia cafetera.

Digo que es el Gobierno Nacional que ha intervenido, porque ha sacado del cubilete a unos ilustres desconocidos ante el gremio cafetero y no se ha marginado para que los caficultores dentro del seno de su organización sean los que tomen estas decisiones autónomamente, buscando los perfiles de dirigentes que los conduzcan por buenos horizontes.

Como compensación con el gremio cafetero, después de sonsacarle a su directivo, que estaba haciendo excelentes y extraordinarias labores (la modernización de la caficultura, la comercialización del grano, el valor agregado, los cafés especiales, y las tiendas Juan Valdez) es preciso que la Casa de Nariño reflexione y se concientice con respeto y decencia ante la agremiación más grande y digna del país.

 Jeremías Patarroyo Ramírez. Bogotá.

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