Por: Nicolás Rodríguez

Chicas W

Como si el feminismo fuese repudiable, en un país en el que se les pega a las mujeres, a María Jimena Duzán le criticaron su última columna por comprometida y activista.

Vale decir: por feminista. Creo, por el contrario, que tiene toda la razón. Y que lo de la empelotada de algunas de las chicas W sobraba, pues poco le deja al periodismo.

El mensaje que envían las fotos es del tipo de “para ser una chica W hay que ser flaca, linda y joven”. No queda de otra. Como si al ciudadano que quiere saber si el empresario financió o no al paramilitar que desplazó, violó, torturó y asesinó le importara si quien narra, investiga, escribe y denuncia es gorda, fea o vieja.

Al final todo hace parte de eso que un pomposo académico francés bautizó en términos de
“la dominación masculina”, un llamado al activismo que nos recuerda que el orden de las cosas no es tan natural como parecen: las mujeres no tienen porqué ser las débiles, los hombres no tienen porqué hacerse los fuertes, etc.

Se dirá que las mujeres W deciden sobre sus cuerpos y que en ello se les va, precisamente, lo liberadas que están. Un contra argumento posible frente al que Bourdieu, el sociólogo en cuestión, quizás diría que la dominación masculina puede leerse, justamente, en el cuerpo de la mujer, al que se le exige una postura, un porte, una distinción.

De lado y lado es mucho lo que se podrá agregar, acaso con otros referentes teóricos, menos o más amigos de la causa. Pero el debate existe. Y por supuesto no es nuevo. Por ello pela el cobre Daniel Samper Ospina en su última columna, descalificando a Duzán con una foto en la que posa en baby doll. Eso es reducir al matoneo la discusión, al mejor estilo de Uribe, a quien tanto ha parodiado.

Y entonces, volviendo a las chicas W (y bien por Camila Zuluaga, que no le jaló al articulito fácil de revista “solo para hombres”), uno se pregunta: ¿qué tanto importa lo que dicen si lo que cuenta es como se ven?

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