Por: Salomón Kalmanovitz

China degrada a Estados Unidos

FUE UNA NOVEDAD QUE STANDARD & Poors calificara la economía norteamericana con su consuetudinaria AAA pero con una perspectiva negativa.

Los inversionistas en bonos del tesoro de USA quedaron intranquilos: se admite que el déficit fiscal es demasiado grande y la terquedad de los republicanos, cuyo programa sigue siendo la reducción de impuestos, impide alcanzar un consenso de cómo conjurarlo a largo plazo.

Las calificadoras de Estados Unidos han perdido credibilidad y prestigio porque solían otorgar buenas notas a bancos y aseguradoras que estaban al borde de la quiebra en medio de la debacle permitida por la desregulación financiera y la política monetaria siempre expansiva de la Reserva Federal. Los estudiantes le pagaban al profesor por sus buenas calificaciones, lo que éste enseñaba como riesgo moral.

Según la revista The Economist, la agencia calificadora del gobierno chino, Dagong, ha degradado la deuda soberana de Estados Unidos de AA a sólo A+, nota que comparte con Chile, un país serio pero que está lejos de ser una potencia. China, hay que aclarar, es el mayor comprador de bonos del tesoro americano en el mundo.

Las razones para la degradación vale la pena explayarlas: los Estados Unidos “continuarán con su política de expansión monetaria cuando hay peligro de que estalle una guerra de crédito mundial debido al exceso de dólares… resultando en una trasquilada de las deudas denominadas en dólares… El flujo excesivo de dólares conduce a los capitales especulativos a los mercados globales de materias primas, presionando una mayor inflación mundial”. Esto significa que Estados Unidos no tiene problema inflacionario interno, por ahora, pero está exportando inflación al resto del mundo, algo que están sufriendo las economías de China, India y Brasil.

Para los chinos, todo lo anterior exige un cambio en las relaciones internacionales financieras. De hecho, la dependencia de Estados Unidos de la voluntad de China de seguir financiando su enorme déficit fiscal y de una deuda que ya es de 80% del PIB, lo fuerza a hacerle concesiones en su representación dentro de las agencias multilaterales, como el FMI y el Banco Mundial. La baja de las tasas de interés de largo plazo propiciada por la expansión cuantitativa de dinero de Estados Unidos no se compadece entonces con los crecientes riesgos de la pérdida de valor de los bonos emitidos por ese país.

Aunque la suerte de la economía china y de sus exportaciones a Estados Unidos está ligada al financiamiento de su déficit fiscal, ya se está dando una diversificación del portafolio chino con la adquisición de papeles de otros países de Europa, de África y de América Latina. El gran desarrollo de la economía china la hace también mirar cada vez más hacia su mercado interior, que tiene un enorme potencial de crecimiento, superior al del mercado mundial, pues los países desarrollados yacen en recesión o están relativamente estancados.

El gobierno de Estados Unidos, entre tanto, sigue capturado por una oligarquía financiera que impide ser regulada e insiste en no pagar impuestos. La falta de regulación promete más crisis globales a futuro. La baja tributación, a su vez, no sólo pone en riesgo el financiamiento del gobierno, sino que conduce a un deterioro de largo plazo de la infraestructura de carreteras, ferrocarriles y puertos, y a que el sistema educativo se dañe, en especial sus universidades públicas de primera línea.

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