China, futuro educativo de Colombia

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Por: José María Gómez Osorio*

En 1977, en la parte final del mandato de Alfonso López Michelsen, ya había contactos entre Colombia y China para establecer relaciones diplomáticas. Uno de esos contactos escenificó uno de los episodios más curiosos, que sin embargo hoy tiene un significado simbólico único no solo porque en 2020 se celebran 40 años de relaciones diplomáticas sino por las lecciones que podemos extraer de la experiencia china en la lucha contra la pobreza y el papel que ha jugado la educación como parte de la solución.

En ese año hubo un partido de fútbol amistoso entre Colombia y China, que se jugó en el estadio El Campín entre las dos selecciones nacionales. El saque de honor lo hizo el ministro de Educación, Rafael Rivas Posada, posteriormente rector de la Universidad de los Andes, donde se estableció el primer Instituto Confucio de América Latina en 2007, como una premonición de la vitalidad de los intercambios educativos y culturales entre los dos países, mucho antes que el comercio y la inversión tuvieran la fuerza de los últimos cuatro años. Una de las más importantes experiencias que China tiene para compartir con el mundo, y muy concretamente con Colombia, es precisamente en educación y más específicamente en la integración de educación, tecnología y lucha contra la pobreza.

A raíz de la pandemia se ha destacado el despliegue chino de tecnología aplicada no solo a la salud sino también a la educación para mantener a aproximadamente 270 millones de alumnos en capacidad de continuar recibiendo sus clases a distancia durante la fase aguda de la epidemia en China, y su retorno a clases presenciales en un entorno seguro. Del lado colombiano la experiencia no es tan buena, la vulnerabilidad de los estudiantes de la educación pública a las condiciones materiales de pobreza quedó expuesta en la carencia de infraestructura y equipos para mantenerse en línea.

El intercambio educativo y cultural con China es uno de los campos más vitales desde el día primero del establecimiento de relaciones. La gente tiende a evaluar la relación con China en los últimos 10 años cuando se hizo más fuerte en el campo económico, pero la historia es mucho más rica. El programa de becas gubernamentales chinas a Colombia ha permitido la formación de posgrados de cientos de estudiantes, gracias a un convenio firmado en 1981 y ampliado de manera sucesiva. Ha tenido un impacto social en Colombia muy significativo porque es altamente selectivo. En su primera etapa hasta aproximadamente 1993 fue usado principalmente en áreas de medicina, educación física y bellas artes y fueron médicos colombianos que se formaron en ese programa los que lograron terminar con el absurdo nacional de no reconocer la acupuntura y la medicina tradicional china y hoy casi todos son profesionales de éxito. Posteriormente el programa se amplió hacia ciencias sociales y otras áreas de ciencias básicas y carreras técnicas.

Con la visita del presidente Ivan Duque a China, se volvió a ampliar la oferta de becas y se enfatizó en las industrias creativas y de tecnología cuya capacidad de generación de empleo y de construir condiciones para reducir la pobreza son indudables porque va directo al problema de generación de valor agregado y son los sectores donde puede estar parte de la solución a la crisis de empleo que nos dejará la pandemia.

No se trata solo de la ampliación del programa en número de becas en China, sino también de atender una necesidad que tendremos con el incremento del comercio y la inversión china en Colombia, ya que hay una asimetría entre la penetración de la enseñanza del chino como lengua extranjera a pesar del esfuerzo de los Institutos Confucio y la demanda de sinoparlantes. El cálculo es que solo con la llegada de China Harbour a construir el metro de Bogotá, la demanda real de sinoparlantes será de aproximadamente 300 personas. Tanto mejor si esos prospectos se ofrecen entre personas formadas en China en las áreas de ciencias y tecnología, que es hacia donde se dirige el programa después de la visita del presidente Duque.

Es necesario acentuar nuestra relación con China en todas las áreas, pues es un modelo exitoso de educación y de lucha contra la pobreza gracias al cierre de la brecha tecnológica en el que sin duda aún tiene trabajo por hacer. En China está universalizada y gratuita toda la educación primaria y secundaria y sólidamente subsidiada casi toda la educación universitaria, Simultáneamente China pasó a ser un poder tecnológico en áreas como robótica, materiales, cloud computing, big data, e-commerce e inteligencia artificial lo que permite hablar en positivo de la estrategia de desarrollo china.

Las oportunidades no se reducen a la formación de posgrados y pregrados en China; el país está siendo cada vez más atractivo para científicos de alto nivel del mundo entero por su liderazgo en tecnología e innovación y por la estabilidad de su desarrollo económico. El programa de los 10 mil talentos está dirigido a atraer a chinos de ultramar y a extranjeros para que se vinculen a investigaciones de alto nivel en China lideradas por las principales universidades de ese país, entre ellas francas competidoras mundiales de las encopetadas del Ivy League y las mejores de Europa.

Las oportunidades están abiertas y el reconocimiento de la labor hecha por China en la integración de tecnología para enfrentar los desafíos del COVID-19 en la educación están en documentos recientes del Banco Mundial, la OECD y el Global Partnership for Education. Colombia debe aprovechar las oportunidades y buscar una porción mayor de las casi 450 mil becas anuales que China ofrece a 200 países del mundo a través de un mayor intercambio en todos los niveles.

*Ex embajador de Colombia en China

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