Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

China, girasoles y sombrillas

Las elecciones en Taiwán del pasado 11 de enero generaron gran expectativa en el mundo. La competencia entre los conservadores del KMT (Kuomintang), que buscaban regresar al poder, y las fuerzas progresistas del partido DDP (Partido Democrático Progresista), de la actual y reelecta presidenta Tsai Ing-wen, estaba sazonada por varios factores tanto domésticos como internacionales.

En 2014 sucedieron dos eventos que, madurando con el tiempo, han creado un nuevo activismo político: el Movimiento de los Girasoles en Taiwán y el de las Sombrillas en Hong Kong. El primero apareció en marzo de ese año a raíz de las protestas de estudiantes y de grupos de la sociedad civil para oponerse a un tratado de comercio de servicios entre China y Taiwán. El segundo vino poco después, en septiembre, como reacción a un proyecto de reforma electoral que se consideró restrictivo.

En el caso taiwanés, el efecto más notorio fue la derrota del KMT en las elecciones de 2016 y la llegada al poder del DDP, cuyas simpatías por la independencia de la isla son reconocidas. No fue extraño que el nuevo gobierno diseñara una estrategia agresiva frente a Beijing, que reaccionó de varias maneras. La más notoria fue su campaña para aislar a Taipéi diplomáticamente quitándole aliados y cerrándole puertas en los organismos internacionales. Toda vez que la economía taiwanesa depende casi en un 60 % de China, las expectativas frente a los riesgos de un deterioro de las relaciones entre las dos partes le dieron la oportunidad al KMT para ganar con amplitud las elecciones locales de 2018. Se pensó entonces que, para los comicios presidenciales y legislativos de 2020, la posibilidad de recuperar el poder estaba servida.

Pero se atravesó Hong Kong. Una de las inescapables lecturas sobre las últimas protestas de los hongkoneses, que se desencadenaron en junio de 2019 y aún continúan, es que en el fondo el tema crucial del debate está referido cada vez más, al igual que en Taiwán, a la independencia y a la creciente participación de los jóvenes que pertenecen a una generación ya desvinculada del pasado sobre el que se construyeron los ideales de ayer. Y eso implica —hay que reconocerlo— un cambio de paradigmas.

Si bien los resultados electorales taiwaneses dieron un 57 % a Tsai y 39 % a Han Kuo-yu, los votos para la Legislatura indican que las fuerzas están más equilibradas: 34,0 % para el DDP y 33,4 % para el KMT. No obstante, las realidades indican que, si las cosas siguen por el rumbo actual, solamente tendrán opción aquellos que mantengan la bandera de la autonomía y la soberanía. Así las cosas, si el KMT abandona sus esfuerzos por la reunificación, la nueva repartición de cartas con respecto a Taiwán y Hong Kong quedará en manos de Beijing.

Desde el reinado de Qin Shi Huang (221 a. C.-210 a. C.), quien unificó a China, hasta Xi Jinping, la unidad del país ha sido y seguirá siendo un objetivo crucial. Lo evidente ahora es que la propuesta de “un país, dos sistemas” ha sido sobrepasada y el gran reto que se les presenta a todos los participantes es el de construir un nuevo discurso que permita alcanzar la unidad que pareciera inevitable. Lo sucedido generará reajustes locales, regionales e internacionales en los que habrán de jugar tiempo, paciencia e imaginación.

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2020-01-18T00:00:57-05:00

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2020-01-18T00:36:36-05:00

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