Por: Columnista invitado
A mano alzada

China: la culpa es de la vaca

Por Fernando Barbosa

China se ha convertido en uno de los mayores productores y consumidores de carne de cordero, de vacuno y de leche. Es el número uno en cordero, el segundo en carne vacuna y el cuarto en leche. Si bien la industria viene desde la época de los mongoles, los grandes crecimientos se han logrado en los últimos 20 años. Otros sectores, como el porcino y el avícola, superan aún más a los mencionados. La velocidad a la que crece probablemente llevará a los chinos a participar en los mercados internacionales. Y para ello, lo que se ha hecho no solamente involucra a los pequeños campesinos, sino a las megagranjas que a su eficiencia suman investigación y desarrollo, una infraestructura de transporte competitiva y una cadena de producción eficiente, según el Global Research.

Un fenómeno similar ocurrió a finales de los 80 cuando se estimó que la demanda interna de granos en China, si no mejoraba la producción doméstica, iba a necesitar comprar casi toda la producción mundial. Los chinos tenían el dinero, pero las circunstancias eran, ciertamente, una amenaza para la seguridad alimentaria del mundo. Las apropiadas reformas al agro, en aquel entonces, dieron resultados y el aumento de la productividad local redujo la presión sobre los mercados internacionales.

En la negociación de los tratados de comercio preferencial (TCP), eufemísticamente llamados de libre comercio, siempre se ha sacrificado a alguien. Eso lo dicen los mismos negociadores que afirman que no es posible llegar a acuerdos en los que todos los sectores ganen. Y tienen razón. La esencia de la negociación es dar y recibir. La dificultad es identificar qué y cómo. Para hacer menos rudo el camino, se ha acudido al “cuarto de al lado” en el cual el sector privado puede tener alguna participación. No obstante, ese es un mecanismo insuficiente en el que interactúan muy pocos y dentro de los cuales hay más interesados que afectados.

Hace unos años, cuando Colombia negociaba el TCP con Corea, los dos sectores que se apuntaron como muy probables beneficiarios del acuerdo fueron el agrícola y el ganadero. Según se puede observar, no ha pasado nada y seguramente no pasará nada. Sin embargo, los mismos argumentos son reiterativos y no ha faltado quien promueva un TCP con China bajo los iguales parámetros.

Los mercados son más volátiles de lo que cualquiera pueda desear y ello hace que la tarea de los negociadores —que no se reduce a lo puramente técnico, sino que se incrusta en el terreno de lo ético— sea de enormes responsabilidades (¿quién tiene el derecho de sacrificar un sector?). Hoy, congeladas las negociaciones comerciales a nivel mundial a raíz del brexit y de las decisiones de Trump, parecería un buen tiempo para dar un respiro y hacer un análisis en frío de los compromisos que hemos adquirido con estos tratados, que no son pocos ni de poca monta: patentes, propiedad industrial, soberanía judicial y tantos más.

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