Por: Juan Pablo Ruiz Soto

China mejora su ambiente

Acabo de visitar Pekín.

Me voy gratamente sorprendido y con la esperanza de que el dragón chino, que creció basado en una industria contaminante, donde todos los efectos ambientales negativos los pagaba el trabajador y cuyos únicos indicadores válidos eran producción y exportación, empieza a cambiar y la gente, su bienestar y el medio ambiente cada día cuentan más.

Para tocar fondo, llegaron a límites impensables de deterioro ambiental. En varias ciudades la contaminación hace que, algunos días, salir de la casa signifique correr serios riesgos de salud. La información sobre los indicadores ambientales no llegaba a la población y ésta, ignorante, favorecía procesos productivos altamente contaminantes.

Forzados por los hechos, con millones de personas afectadas en su salud e incapacitadas laboralmente, y habiendo mejorado el ingreso per cápita, los ciudadanos chinos hoy valoran su salud y la calidad ambiental. El país empieza a cambiar.

Según expertos locales e internacionales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional), la economía china crecerá este año cerca de un 6,5% y lo hará basado en nuevas industrias y actividades menos contaminantes. Según el Instituto Nacional de Estadística Chino, mientras la industria pesada contaminante sigue estancada, el crecimiento ahora lo lidera el sector servicios y China se está transformando en una economía terciaria basada en servicios y tecnología. Sobresalen nuevos productos: autos y motos eléctricas, equipos médicos y electrónicos, tecnología para fuentes de energía alternativa y muchos productos relacionados con la protección ambiental.

Lo dicho por los expertos se ve en las calles. La venta y uso de vehículos y motocicletas eléctricas está en todas partes, y en las calles no se observa ningún bus o camión expulsando esa masa de humo gris que vemos en Colombia. La bicicleta está recuperando espacios perdidos frente al automóvil y en todas las calles hay un espacio demarcado para bicicletas y motos eléctricas livianas. En Pekín se apoya el uso de la bicicleta y su manejo es más seguro y agradable que en Bogotá.

Aun cuando los chinos son desordenados, algo se ha organizado el uso de sus congestionadas calles. En muchos casos se ha hecho necesario poner barreras metálicas para educar al usuario —esperamos que pronto sean innecesarias— y evitar que atraviesen de lado a lado una calle en cualquier parte.

El manejo de las basuras todavía es deficiente: falta separación en la fuente, pero las ciudades lucen menos sucias que Bogotá. Los recicladores —que los hay y son muchos— recogen lo que les sirve, pero no forman el desorden y el reguero que suelen hacer en Bogotá. El uso del icopor se ha limitado y reemplazado por plástico biodegradable de bajo calibre; en este tema falta, pero están avanzando. El transporte público, mezcla de buses y metro, es excelente, cómodo y limpio. La energía solar se ha tomado el campo y partes de algunas ciudades.

China tiene una gran influencia global y la mejoría de sus estándares ambientales debe reflejarse en una disminución de su aporte en gases efecto invernadero. Debemos presionar para que también se dé una mejor gestión ambiental de sus empresas transnacionales que siguen siendo ambientalmente muy descuidadas y dañinas, en muchos casos. Ojo con el Imperio chino.

 

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