Por: Columnista invitado

China pone a Xi a la par de Mao en el congreso del partido

Por Chris Buckley

El martes, el Partido Comunista de China elevó al presidente Xi Jinping al estatus glorificado que goza el padre fundador de la nación, Mao Tse-Tung, al escribir su nombre y sus ideas en la constitución del partido.

La decisión histórica, la cual se tomó cerca del final de la semana que duró el congreso del partido, envía una clara señal a los funcionarios de toda China: cuestionar a Xi y sus políticas sería un sacrilegio ideológico.

El decreto solidificó la postura de Xi como el líder más poderoso de China en décadas, después de haber estado tan solo cinco años a la cabeza del país, lo cual dificulta el camino para que sus rivales lo desafíen a él y a sus políticas.

Aunque tal vez no haya un “Libro rojo” con citas de consumo masivo como en la antigua era de Mao, el pensamiento de Xi permeará en cada aspecto de la ideología partidista en las escuelas, los medios y las agencias gubernamentales. Los colegiales tendrán que estudiar los escritos y las reflexiones de Xi.

En el futuro próximo, es probable que el pueblo de China se refiera a las doctrinas de Xi sencillamente como el “xinismo”, una reverberación halagüeña del “maoísmo”.

“Es un intento por proyectar su estatura histórica”, afirmó Wu Qiang, un analista político de Pekín, quien solía dar clases en la Universidad Tsinghua. “El informe al congreso y las revisiones a la constitución del partido muestran que Xi quiere estar a la par de los líderes del pasado. Esto no significa que se vea a sí mismo como un rival de Mao en cuanto a importancia, pero creo que la intención es otorgarle un estatus ideológico que no pueda ser desafiado, del mismo modo que sucedió con Mao”.

Restaurar la grandeza de China es un mensaje central de la filosofía de Xi. Esta meta ya ha guiado sus políticas hacia el reforzamiento del Ejército, el fortalecimiento del control a nivel nacional y el aumento del perfil de China en los asuntos internacionales.

Con la aprobación que se dio en el congreso del partido celebrado en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, el cual se reúne cada cinco años, el cambio a la constitución coloca una frase nueva y burda al lado de los nombres sagrados de Mao y Deng Xiaoping: “El xinismo para la nueva era del socialismo tiene peculiaridades chinas”.

A pesar de que el significado de estas 11 palabras —16 caracteres chinos— pueda percibirse como opaco, está cargado de sentido para el futuro del partido y de China.

El fragmento crucial es “la nueva era”, el cual Xi ha utilizado a lo largo del congreso. Xi ha mencionado que desde 1949 la historia china está dividida en dos eras: las tres décadas posteriores al ascenso de Mao al poder por medio de una revolución que estableció una República Popular y la cual terminó con casi un siglo de guerra civil e invasiones extranjeras, y las tres décadas posteriores a que Deng llegara al poder en 1978 y volviera a hacer que China se concentrara en el desarrollo de su economía.

En el informe que dio al congreso, Xi sugirió que, si Mao hizo que China fuera independiente y Deng la volvió próspera, él la volvería fuerte de nueva cuenta e impulsaría al país hacia su “nueva era”.

Para subrayar ese punto, el congreso también agregó una segunda mención de las ideas de Xi en la constitución: su llamado a modernizar y fortalecer las fuerzas armadas de China.

Al consagrar las ideas de Xi como “un nuevo componente de la guía de acción partidista”, el partido está colocando a Xi en un pedestal doctrinario al lado de Mao y Deng. Hasta el martes, Mao y Deng eran los únicos nombres de líderes chinos que aparecían en la lista de doctrinas fundamentales de la constitución.

Añadir el nombre de Xi lo encumbra sobre sus dos predecesores más recientes, los expresidentes Jiang Zemin y Hu Jintao: sus ideas están en la lista de doctrinas, pero no sus nombres.

Sin embargo, la autoridad de Xi no se compara de forma directa con la influencia casi divina que ejercía Mao.

Después de que Xi llegó al poder en 2012, a muchos les sorprendió la velocidad y la convicción con las que asumió el poder. Esto se reflejó en la marca que dejó en dos de las instituciones más poderosas de China, el partido y el Ejército, lo cual logró utilizando una estrategia anticorrupción de gran alcance.

No obstante, Mao y Deng fueron fundadores de la República Popular y revolucionarios curtidos, cuyas décadas de lucha y sacrificio les otorgaron un carisma y una autoridad que Xi simplemente no puede reproducir.

Por otro lado, la economía, el Estado y el Ejército de China son mucho más poderosos en la actualidad de lo que fueron bajo el mandato de Mao, e incluso de Deng, lo cual brinda a Xi mucha más influencia que sus predecesores a nivel mundial.

El congreso terminó el martes después de varios pasos significativos. Lo más importante fue que los delegados votaron en un nuevo Comité Central, un concejo de 204 altos funcionarios centrales y locales, quienes normalmente se reúnen una vez al año para aprobar prioridades sobre políticas generales.

Hubo una ausencia notable en esa lista: Wang Qishan.

Wang, de 69 años, fue encargado de hacer cumplir la estrategia de Xi para erradicar la corrupción y fortalecer la disciplina en el partido. Wang ya rebasó el límite de edad con el cual se suelen retirar en el comité, pero algunas personas con información privilegiada en el partido habían mencionado que Xi tal vez intentaría retenerlo en un cargo alto. Su ausencia de la lista indica que es probable que vaya a jubilarse.

El Partido Comunista de China tiene su propia constitución, o carta constitutiva, la cual es distinta de la Constitución nacional de China. La constitución del partido establece reglas y principios para sus miembros. También expone la visión partidista de su historia, y de cómo los líderes actuales y del pasado contribuyeron a su legado.

Solo se pueden realizar cambios a esta constitución en el congreso del partido, el cual suele reunirse cada cinco años y lo ha hecho toda la semana. Debido a que los 2.300 delegados que asisten al congreso son escogidos con cuidado por su lealtad, hay muy pocos que se opongan a los cambios una vez que los proponen los dirigentes.

 The New York Times 2017.

 

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