Por: Columnista invitado

Chipre, el chivo expiatorio

Aunque el gobierno chipriota, apenas un mes en el poder, dice haber logrado lo mejor posible dentro de los peores escenarios, esto no significa ningún alivio para decenas de miles de víctimas inocentes de la crisis económica que ha golpeado a Chipre.

Este país, miembro de la UE desde 2004 y de la Eurozona desde 2008, sufre las consecuencias, no solamente de la ineptitud del gobierno anterior, que no supo buscar las soluciones adecuadas a tiempo, sino también de una Unión Europea evidentemente dividida entre los países aventajados del Norte y los problemáticos del Sur.

Desde el inicio de la crisis de la deuda europea, que estalló primero en Grecia hace cuatro años, los gobiernos y los ciudadanos de las naciones afectadas se quejan cada día con más vehemencia de que las decisiones tomadas en Bruselas no corresponden a sus intereses porque son dictadas más bien por los intereses económicos y los vaivenes electorales de Alemania.

Ahora, es un hecho que Alemania y sus aliados del Norte impusieron nuevas reglas humillantes a sus turbulentos socios europeos del Sur. Usando Chipre como chivo expiatorio, los poderosos socios que dominan el Eurogrupo han causado mucho daño al sector bancario europeo, al exigir que los depositantes no asegurados en Chipre deban llevar el peso de cualquier recapitalización bancaria. Ya sea en Atenas, Dublín, Lisboa, Madrid o Nicosia, la pregunta es si la Unión Europea responde a su propias aspiraciones o a los dictámenes de instituciones remotas dominadas por los alemanes. Si la fórmula para rescatar la economía de Chipre, con un recorte entre 30 y 40 por ciento en los depósitos superiores a 100.000 euros, se convirtiera en modelo general para futuras crisis bancarias en la Unión Europea, esto significaría el fin de la unión monetaria.

Esta posibilidad ya fue mencionada por el presidente del Eurogrupo, el ministro de Finanzas holandés, Jeroen Dijsselbloem, como posible ejemplo a seguir para los demás socios con problemas similares, aunque después trató de suavizar el impacto negativo que tuvieron sus palabras. En caso de quiebra de un banco, normalmente son sus accionistas quienes pierden su capital. Es absurdo y hasta inmoral incluir los depósitos en la secuencia de activos responsables, porque un depósito difiere esencialmente de una inversión. Inevitablemente, la expropiación de depósitos sembrará el pánico y la tormenta financiera en el área del euro. Por eso el coste de las crisis bancarias debe recaer sobre los responsables de la quiebra (gerentes, tecnócratas, etc.), así como los dueños de acciones y abonos, pero de ninguna manera sobre el depositante. Los ahorros de los ciudadanos son sagrados.

Teóricamente la Eurozona es un club de iguales, pero a juzgar por la humillante manera como Chipre ha sido tratado, se pone en evidencia que se trata de un grupo heterogéneo donde los intereses nacionales de los países potentes se consideran más importantes que los intereses de todos en conjunto. Se denuncia la presencia de capitales de Rusia en Chipre, pero a nadie le importan los grandes capitales rusos en Alemania, el Reino Unido o los Estados Unidos. Mientras la sociedad chipriota se encamina hacia un sufrimiento desproporcionado e injusto, cabe destacar la importancia geopolítica y estratégica de Chipre. Hay que recordar también que sus enormes yacimientos de hidrocarburos son un factor crítico en las futuras relaciones económicas y políticas en el volátil Medio Oriente y en la misma UE.

*Elías Eliades, exembajador de Chipre en Sudáfrica, internacionalista.

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