Por: Michelle Arévalo Zuleta
La Michelada

Chivor, el paraíso verde de los deportes náuticos

Como una esmeralda verde en su totalidad, de difícil acceso y en el corazón de las montañas de Boyacá, se encuentra la represa de Chivor.

Escampando de las lluvias de Bogotá decidí emprender camino hacia Chivor, esperando encontrar un paraíso escondido del que algún kitesurfista me habló hace un tiempo. Creer que, a menos de cuatro horas de la ciudad, se encuentra una represa para hacer deportes náuticos con clima caliente, despertó mi curiosidad. Para llegar por Bogotá se toma la autopista norte, se desvía por el embalse del Sisga y entre Machetá y Villa María, en el estrecho Valle de tenza lo encontrará.

Parar en la vía a comer arepas boyacenses es mi primera recomendación, sobretodo para el viaje que se torna largo, pues por el pésimo estado de las vías y otras que ya se encuentran en arreglos, el viaje de 4 horas se convierte en 6 facilmente.  El viaje lo hice junto a Pedro, uno de los primeros deportistas que vio en esta represa las condiciones naturales perfectas para hacer Kite surf, seis años después de haber comprado su lote y construido dos casas, Pedro y su novia Mónica, amantes de estas tierras, me ponen en contexto sobre una de las zonas esmeralderas más codiciadas de todo Boyacá.

Chivor significa en chibcha “Tierra verde y rica” hoy después de apenas 28 años de haberse consolidado como municipio, sigue siendo una tierra verde por donde se mire y no sólo rica en esmeraldas por donde se busque.

Al llegar la lluvia nos siguió desde la ciudad, pero que diferente es ver caer agua sobre asfalto y cemento, que verla caer sobre montañas y árboles. En Chivor puede quedarse en un hostal como el de Pedro, que ofrece un ambiente rústico con las comodidades básicas, nada  lujoso pero acogedor, con agua caliente, sauna y una gran vista, por 70 mil pesos la noche, o pagar 180 mil pesos  por quedarse en Chivor Kite, la única escuela de Kite surf de la zona, con vista a la represa, wifi, comida, y hasta gimnasio.

Nicolás, Martha y Juan, forman una familia de kitesurfistas que vieron en Chivor el paraíso perfecto para practicar y vivir de este deporte, no les interesa atraer al turismo de masas, son personas muy tranquilas que cuidan esta represa como la esmeralda más valiosa de la corona.

De repente y en medio de la lluvia, la  imponente represa  se extiende ante mis ojos, las montañas la rodean como si la protegiera de cualquier peligro, el verde del pasto se funde rápidamente con el café de su agua producto de la tierra que la sostiene. Para mi asombro esta represa es nuestra solo por los laditos, pues su concesión fue dada hace años a una empresa extranjera llamada Aes Chivor. Este lago artificial fue creado para proveer la potencia a esta  central hidroeléctrica llamada embalse la Esmeralda. Aunque sea artificial, esta represa ya es parte natural de estas tierras, alberga peces y turistas que van en busca no solo de una conexión con la naturaleza, sino de prepararse para competencias de triatlón, probar algún deporte como kayak, paddle surf o el más popular,  kitesurf.

El segundo día, el cielo se abrió y dejó asomar al sol que mostraba orgulloso la represa, lanzarse al agua es la primera opción, pero los alrededores permiten hacer senderismo y es muy común ver a la gente lanzándose en parapente desde las montañas hasta el agua, sin contar el avistamiento de aves que es otro  de los  atractivos turísticos de esta zona. El calor que me prometieron apareció y los 23 grados fueron perfectos para andar en vestido de baño, sin más que un remo para hacer paddle. Cuando la brisa empieza a subir se puede ver como las cometas llenan el cielo con deportistas jalando de ellas, dejándose llevar en una competencia por entretener  a los visitantes.  

La represa mide 28 kilómetros, así que una hora a remo contra el viento puede dejarlo listo para salir a almorzar y relajarse en la montaña, recomiendo descansar de la señal de su celular que seguro estará tan débil como usted después de practicar algún deporte al aire libre.

Para atravesar el lago hasta el pueblo de Chivor, la empresa Aes Chivor dispuso dos botes y un ferri, que cada hora hace el recorrido por toda la represa buscando personas para llevarlas sin costo al otro lado. A pesar de esto, personas como Orland, un local que desde sus antepasados viene trabajando esta tierra, asegura que se sienten aislados, aquí la ley es la de las esmeraldas, afirma, y la comunidad  ha sentido un abandono del estado que según él, solo buscó sacar provecho de ellos cuando vendieron la hidroeléctrica en el año 96, sin embargo  en días pasados y luego de 22 años, el Tribunal Ad­ministrativo de Boyacá ordenó al Estado indemnizar a siete municipios del Valle de Tenza, con dinero  que será invertido en la región.

Ir a Chivor es un plan perfecto si quiere ir a descansar y apreciar la naturaleza, los planes todos tienen que ver con ella, dormir entre árboles y despertarse con los gallos, el ruido de los pájaros y dormir arrullado por los grillos es un lujo que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer.

 

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