Por: Daniel García-Peña

‘Ciao’ pescao

EL FALLO, SIN DUDA, FUE IMPECAble. Tenía que serlo, dado su carácter trascendental.

La argumentación, contundente: el referendo reeleccionista se cayó por vicios de forma y de fondo. El voto, por goleada, categórico. El hecho de haber sido leído ante el país por uno de los dos que salvaron sus votos le dio una fuerza simbólica aún mayor. Pese a las presiones múltiples y las amenazas de los teóricos del Estado de Opinión, la Corte Constitucional falló en derecho. ¡Aleluya!

Aún más significativo han sido las reacciones. Empezando por el acatamiento oportuno del propio presidente Uribe. Más allá del llanto de Uribito y de la cara de acongojado que intentó poner Santos para disimular su profunda satisfacción, muchos uribistas sintieron alivio por ser conscientes en el fondo de la inconveniencia de un tercer período. Se evidenció que los furibistas son una minoría ínfima del uribismo.

Los más sensatos incluso le agradecieron a la Corte el haber salvado a Uribe de un fin aún peor: el hundimiento del referendo en las urnas, posibilidad cada vez mayor según las últimas encuestas que mostraban a Uribe todavía fuerte, pero en descenso. Y los uribistas de la calle que firmaron, no se sintieron traicionados por los magistrados de la Corte, sino por los propios promotores del referendo que actuaron con chambonería y no con el cuidado y respeto que le corresponde a quien aspira a ser portavoz de la voluntad popular.

También quedó demostrado que lo único más poderoso que Uribe en estos años ha sido la Constitución de 1991. La Corte Constitucional ha sido su principal guardián (Estatuto Antiterrorista, la Ley de Justicia y Paz, desplazados, etc.). La Corte Suprema y la Fiscalía han actuado de manera sin precedentes (¿en el mundo?) en contra de integrantes del Congreso, de los cuales un tercio están tras las rejas o siendo investigados.

Y en pleno gobierno uribista, el más conservador en la historia desde Laureano, que promulga el aplazamiento del gustico a los jóvenes, se aprobó el aborto en casos especiales y se ampliaron los derechos de las parejas del mismo sexo. Incluso, el intento obsesivo de Uribe por penalizar la dosis personal terminó en una reforma inocua que sólo servirá para incrementar la arbitrariedad de la Policía.

Uribe sí logró darle sus golpes (transferencias, reelección), pero en últimas le ganó la Constitución del 91.

* * *

La primera prueba de la era post-Uribe serán las elecciones del 14 de marzo. El Congreso actual es el más arrodillado y criminal de toda la historia. Una renovación profunda es urgente.

Sigo pensando que vale la pena apoyar el proyecto político que representa el Polo, pero que también requiere su propia renovación profunda.

Por ello, votaré por caras nuevas. Para Senado, por Carlos Simancas, gran conocedor de los temas del campo y del trabajo cooperativo. En Cámara, por Guillermo Asprilla, experto en salud y seguridad social. Y para el Parlamento Andino, que por primera vez se elige por voto popular, por Gloria Flórez, destacada dirigente de derechos humanos, con una larga experiencia en las relaciones internacionales desde la sociedad civil.

 

danielgarciapena@hotmail.com.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel García-Peña

¡Cójales la caña a los estudiantes!

Muy mala idea

Ni sí, ni no, sino todo lo contrario

Algo está pasando en EE. UU.

Acuerdo Duque-“Timochenko”