Por: Yesid Reyes Alvarado

Cibernética y sistema penal

Dicho de una forma muy general, la cibernética se ocupa del análisis y la regulación del funcionamiento de los sistemas, tanto físicos como sociales.

Su desarrollo se ha hecho sobre el supuesto de que es indispensable identificar problemas, diseñar e implementar soluciones particulares para la superación de los mismos, y monitorear el impacto de ellas para, eventualmente, introducir nuevos correctivos. Si en la evaluación de nuestro procedimiento penal se siguieran esas reglas básicas, sus inconvenientes podrían ser enfrentados de mejor manera.

Por ejemplo, se ha vuelto común decir que una de sus grandes fallas es la no realización de muchas audiencias. La primera cuestión es que no hay estadísticas confiables sobre las razones por las que esos aplazamientos se producen, lo que dificulta la búsqueda de una salida adecuada. Sin embargo, un estudio elaborado por la Defensoría del Pueblo en Medellín durante el primer semestre de 2013 indica que casi una tercera parte de las audiencias no celebradas obedece a que para esas fechas alguno de quienes debían participar en ellas tenían programadas otras actuaciones judiciales. Si esa fuera la principal razón de las suspensiones a nivel nacional, el tema se reduciría a un conflicto de agendas cuya solución sería el diseño de un calendario judicial en línea donde quedaran registradas las diligencias programadas, con la identificación de quienes deben intervenir en las mismas, de tal manera que ninguno sea convocado a varias simultáneamente. El Consejo Superior de la Judicatura lleva años diseñando ese mecanismo, que ya opera en países como Chile; cuando en pleno siglo XXI existen múltiples opciones (incluso gratuitas) para manejar agendas, no se entiende la demora para su implementación en el interior de la Rama Judicial. A ver si les pasa lo que a los norteamericanos en plena carrera espacial, cuando después de una millonaria inversión para diseñar un bolígrafo que permitiera escribir en un ambiente sin gravedad (donde la tinta no fluye normalmente), se percataron de que los rusos usaban lápices.

También se habla de la incapacidad de la Fiscalía para atender oportunamente todos los asuntos que llegan a su conocimiento. Ya en el año 2006, cuando el sistema aún no operaba en la totalidad del país, la Corporación Excelencia en la Justicia advirtió que empezaba a presentarse una congestión en el mismo. Con alguna tardanza y no pocos tropiezos se pusieron en marcha algunos remedios que hoy en día permiten que el ente acusador esté en condiciones de evacuar el mismo número de denuncias que recibe, lo que permite asegurar que desde una perspectiva puramente cuantitativa (el aspecto cualitativo merece análisis separado) la Fiscalía actual es eficiente; sin embargo, arrastra todavía un acumulado cercano al millón y medio de casos que en su momento se represaron y que son los que actualmente necesitan de una solución.

Estos dos ejemplos muestran que cualquier correctivo que se pretenda introducir en el sistema penal necesita de un diagnóstico preciso, del diseño y puesta en marcha de soluciones adecuadas y, sobre todo, del seguimiento de las mismas para evaluar su efectividad.

 

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