Comunidad de Bojayá le da el último adiós a las víctimas de la masacre de 2002

hace 57 mins
Por: Darío Acevedo Carmona

Cien días de un estilo de mando

La acción política en regímenes democráticos tiende a moverse en la polaridad aliados-rivales, diferencias-acuerdos. Los estudiosos de una de las facetas más importantes de la especie humana coinciden en asignarle un lugar irrenunciable a la dinámica de crear un campo propio que deje en claro sus diferencias con aquel o aquellos con los que se disputa el poder.

Esa realidad es fácil de apreciar en los países libres y democráticos, desde Colombia hasta Inglaterra. La identidad se construye, dicen los antropólogos de la política, siempre en contraposición a otro u otros. Las diferencias interpartidistas se atenúan en ocasiones y circunstancias muy especiales y no muy comunes: guerras, desastres naturales, definiciones constitucionales.

Insisto en lo que en vez de ser una carga negativa es una virtud por cuanto la exposición pública de los diferentes puntos de vista sobre temas de interés colectivo es algo que favorece a los pueblos, es, además, la expresión más pura de la libertad de pensamiento y de la expresión de las contradicciones ideológicas y de intereses de una sociedad.

El problema de una política de unidad nacional como la que propone y adelanta el presidente Iván Duque es que soslaya esta lógica, aunque en su beneficio habría que pensar que los problemas de los colombianos son de tal magnitud que ameritaría considerar lo que Álvaro Gómez Hurtado llamaba un “Acuerdo sobre lo fundamental”.

Entre las consignas oficiales con propósitos de trascendencia sobresale la convocatoria a la unidad nacional y el lema “soluciones, no agresiones”. Sin embargo, movimientos y dirigentes situados en la oposición han respondido con agresividad, movilizaciones callejeras, desafíos, retos, reclamos y críticas en un tono beligerante y confrontacional.

A las buenas maneras, a la actitud respetuosa, a la mano tendida, al diálogo y la exposición de razones del presidente Duque, la respuesta es el irrespeto, la afrenta, la amenaza con la movilización callejera de las masas.

De modo que no hay atenuantes, Petro, sus seguidores y aliados no solo han optado por la confrontación total, sino que quieren llevar el país hacia una opción de corte revolucionario basada en el impulso y atizamiento del odio de clases –el pueblo contra la oligarquía– para su campaña presidencial del 2022 con su programa de economía estatal y gratuidad de todas las políticas sociales, etc.

Así pues, Duque y sus asesores están retados y obligados a reestructurar su estrategia de gobernabilidad basada hasta ahora en una elusiva e irreal unidad nacional y en una alianza frágil, y entender que el Gobierno, aunque representa a la nación, es el gobierno de un programa que triunfó por el voto popular.

Y en ese sentido, y sin que ello signifique caer en provocaciones ni igualarse por lo bajo, el gobierno Duque debe entender que a la nación se le debe hablar con claridad meridiana sobre lo que nos separa de ese proyecto.

Entendamos que si hay algo claro para los extremistas y totalitarios es que entienden el apaciguamiento como una demostración de debilidad. De manera que insistir en enviarle flores a quien responde con piedras es inútil y, por ello, un poco más de firmeza y energía en la actividad gubernamental cotidiana no estaría fuera de lugar ni se vería como una señal de beligerancia o de autoritarismo.

Así mismo, debería buscar una reconfiguración orgánica de la alianza con otros partidos de tal forma que se concedan plazas de poder importantes a quienes quieran hacer parte de ella. Hay que dejar de lado el prejuicio según el cual compartir responsabilidades de mando con otras fuerzas es lo mismo que dar mermelada.

Las encuestas que no le favorecen deberían servir para justificar ese giro que muchos de sus votantes estamos esperando

Coda 1: Es claro que el movimiento estudiantil fue instrumentalizado para la estrategia político-electoral 2022 de la "Colombia Humana" liderada por el populista y demagogo castrochavista Gustavo Petro, que busca desestabilizar al gobierno Duque. Por eso se suman al paro nacional, gritan contra la reforma tributaria y reciben el apoyo de personajes ajenos a la universidad como el payaso sobrino del elefante, el atarván Bolívar, la hija del comandante "Papito", Fecode, CUT, CGT, UP, Colombia Humana, FARC, encapuchados, militantes verdes.

Coda 2: Declaración del congresista petrista Gustavo Bolívar en una de las marchas estudiantiles: “Estas marchas, ya tomamos la decisión, van a ser continuas, van a ser sostenidas y no se van a mover, vamos hacia el paro cívico nacional… Ellos (el gobierno Duque) saben que esto es grande, esto no va a ser de un día, esto va a ser de cuatro años de luchas sostenidas en las calles”. Tomada de https://www.facebook.com

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