Por: Dolly Montoya Castaño

Ciencia, arte y cultura para construir nación

El Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia celebró esta semana 83 años de su fundación; también durante la última semana el Gobierno Nacional anunció que la entrega del informe final de la Misión de Sabios prevista para el próximo 5 de diciembre se realizará en la sede contigua al Palacio de Nariño del Observatorio Astronómico Nacional de la universidad. Dos hechos significativos que me llevan a compartir con los lectores parte de la historia científica y cultural de la universidad, que es también la historia de nuestro país.

La Real Expedición Botánica del Nuevo Reino Granada desarrollada entre 1783 y 1812 y, liderada por José Celestino Mutis, quien también dirigió la apertura del Observatorio Astronómico Nacional en 1803, constituyen el germen del desarrollo científico en nuestro país y, al mismo tiempo, un impulso fundamental a nuestro proyecto de independencia como nación. Mutis que era especialista en botánica se apoyó en Jorge Tadeo Lozano a quien delegó las tareas zoológicas de la Expedición. Francisco José de Caldas fue el encargado de dirigir el Observatorio Astronómico Nacional que sería el primer observatorio del continente americano, además, también serviría como espacio de reunión a otros próceres e intelectuales de nuestra independencia como lo fueron Antonio Nariño o Camilo Torres.

No es coincidencia que los nombres de nuestra independencia sean también los nombres de nuestra historia científica, esto evidencia que la autonomía es consecuencia del conocimiento, pues este amplía nuestra capacidad de elegir conscientemente permitiéndonos ejercer la libertad. Es por eso, que basta contemplar la historia de la humanidad para verificar que el oscurantismo siempre se ha peleado con la ciencia. Tal como ocurrió con muchos de los hombres y mujeres de nuestra historia que acabaron martirizados en esa lucha por la libertad.

Conscientes de que la construcción de nación pasa por el reconocimiento de sus riquezas y potencialidades, se hicieron en nuestro país diversos esfuerzos para conocer y preservar nuestra riqueza natural así como el espíritu científico de la Expedición Botánica, entre ellos, destaca la Misión Zea de 1822 para la formación de zoólogos y la creación del Museo de Historia Natural en 1823 que, luego, en 1826 pasaría junto con sus colecciones a ser parte de la Universidad Central que tenía sedes en Quito, Caracas y Bogotá; génesis de la Universidad Nacional de Colombia.

Otras iniciativas gubernamentales fueron el Instituto de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas de 1847, a este, se encomendó el Gabinete de Historia Natural y el jardín de plantas que para entonces existía en Bogotá y que fue creado por el mismo Mutis. Al Instituto de Ciencias, Físicas y Matemáticas se entregó también el Herbario que, en 1865 se trasladó al Instituto de Ciencias y Artes. También, iniciativas privadas como la Sociedad de Naturalistas Neogranadinos de 1859 lideraron actividades de recolección de flora y fauna, sin embargo, todas ellas duraron muy poco tiempo y muchas de las colecciones se perdieron con el paso de una a otra entidad.

Ya en 1867 con la reorganización de la Universidad Nacional de Colombia, le fueron adscritos a esta Institución el Museo Nacional, el Observatorio Astronómico, los Laboratorios de Química y Mineralogía, los Gabinetes de Mineralogía y Zoología, y el Herbario Nacional, este último proveniente de la Universidad Central. Manuel Ancizar, primer rector de la Universidad Nacional, participó también de la Comisión Corográfica de los Estados Unidos de Colombia que entre 1851 y 1855 logró recolectar cerca de 8.000 especies de plantas, constituyendo una de las principales semillas del Herbario Nacional. Este Herbario logrará consolidarse hasta 1936, momento en el que se construía en Bogotá la ciudad universitaria. Es precisamente en esta época que se crea el Instituto de Ciencias Naturales en donde actualmente se investiga, preserva y valora nuestra gran biodiversidad y patrimonio, como lo muestran sus colecciones que reúnen 16.000 años de historia en la Tierra.

El Herbario Nacional, que es parte del Instituto, cuenta en su colección general con más de 600.000 ejemplares, en sus colecciones históricas se encuentran las de: José Celestino Mutis, Enrique Pérez Arbeláez y José Jerónimo Triana. De igual manera, en las Colecciones Zoológicas del Instituto se reúnen alrededor de 340.000 especímenes. Sin embargo, más allá de todo el valor histórico allí conservado, hoy a propósito del informe que está por presentarse en el Observatorio Astronómico Nacional, del que les dejo la historia para una próxima ocasión, lo más importante es que sepamos apreciar el valor estratégico que tiene este conocimiento acumulado frente al futuro de nuestro país. 

En los adelantos de propuestas que ha dejado conocer la Misión de Sabios se puede reconocer a la bioeconomía como una de las apuestas estratégicas para nuestro progreso como país. En este sentido, el conocimiento y tradición acumulada en el Instituto de Ciencias Naturales y en la Universidad Nacional de Colombia constituyen un punto de partida para una justa valoración y aprovechamiento de la biodiversidad, en donde la aplicación del conocimiento en la gestión de los recursos naturales nos lleve a beneficiar a las comunidades y territorios con innovaciones sociales, artísticas, científicas, técnicas y tecnológicas. Fomentar la ciencia, el arte y la cultura es también cuidar y promover el medio ambiente para construir una nación libre, contemporánea y en paz.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN

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