Por: Mauricio Botero Caicedo

Ciertamente no era el lechero…

Decìa Winston Churchill que “la democracia es el sistema en el que, cuando alguien llama a las seis de la madrugada a la puerta de la casa, con seguridad se sabe que es el lechero”. En la madrugada del pasado lunes, a la residencia de los dirigentes de la oposición Leopoldo López y Antonio Ledezma, con el fin de detenerlos, ciertamente no llegó el lechero, sino los esbirros del Sebin –la Stasi bolivariana–. Con más 100 muertos en su haber, más de 500 presos políticos detrás de las mazmorras y más de 5.000 detenidos, el pretender que en la Venezuela de Maduro existe una democracia no se le ocurre ni al más recalcitrante y obtuso de los izquierdistas: alguien como Pablo Iglesias, la cabeza de Podemos en España…o de Timochenko o Iván Márquez en estos lares…

La crisis económica por la que atraviesa la hermana república es más seria y profunda de lo que muchos creen. El prestigioso economista venezolano Ricardo Hausmann, en artículo publicado el pasado 31 de julio, afirma: “El indicador que más se usa para comparar recesiones es el PIB. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en 2017 el PIB de Venezuela se encuentra 35 % por debajo de los niveles de 2013, o en un 40 % en términos per cápita. Esta contracción es significativamente más aguda que la de la Gran Depresión de 1929-1933 en Estados Unidos, cuando se calcula que su PIB per cápita cayó el 28 %… si bien el PIB per cápita cayó el 40 %, el declive del ingreso nacional, incluyendo el efecto precio, es del 51 %... La pobreza aumentó del 48 % en 2014 al 82 % en 2016, según un estudio realizado por las tres universidades venezolanas de mayor prestigio. En este mismo estudio se descubrió que el 74 % de los venezolanos había bajado un promedio de 8,6 kilos de peso de manera involuntaria… la mortalidad de los pacientes internados se multiplicó por diez y la muerte de recién nacidos en hospitales se multiplicó por cien”.

Decía Dante Alighieri que los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral. Entre ellos, el Vaticano debe dar más explicaciones a las razones que lo llevan a guardar equidistancia entre las víctimas de la dictadura y los verdugos en el poder. Solo el viernes pasado el papa se pronunció en contra de la Constituyente de Maduro. Es inadmisible igualmente la tibieza de países como Portugal y las islas del Caribe, que no sólo permanecen callados ante los abusos de los sátrapas, sino que son incapaces de anteponer la libertad de los venezolanos a los intereses económicos de sus países o de sus empresas o por un puñado de barriles de petróleo. En el caso de Venezuela, la imparcialidad es complicidad.

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Apostilla: Los artífices colombianos del Acuerdo de La Habana, una vez abandonen el gobierno, tendrán muchos años para reflexionar sobre la insensatez de haber tenido a la Venezuela de Maduro no sólo participando sino (lo que es todavía menos comprensible) como acompañante de dicho Acuerdo. Es casi seguro que, dadoS sus nexos como socio en el narcotráfico, proveedor de armamento y engranaje fundamental en el uso de sus territorios como centro para atrincherarse, de esparcimiento y resguardo, dicha imposición vino de las Farc. De ser así, más que sumisión, muestra la lastimosa pusilanimidad de nuestros negociadores.

 

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