Por: Mauricio García Villegas

Cinco columnas

Tal vez fue Alejandro Gaviria quien dijo alguna vez que los columnistas solo escribimos variaciones de cinco o seis columnas, no más. Puede ser, pero yo quisiera ser más optimista y creer que esa cifra se refiere a períodos, digamos de un año o dos, y no a toda la vida de un columnista. Así las cosas, aquí pongo las cinco ideas de columna que pude haber escrito durante los casi 18 meses que dejé de publicar en este periódico. Aquí van.

1. En Colombia el debate público depende demasiado de los acontecimientos diarios y por eso somos incapaces de imaginar (no digo de pensar) un país para los próximos 20 o 30 años. Tal vez esto se deba a la presencia abrumadora de periodistas, políticos y abogados en ese debate público, todos ellos muy importantes, claro, pero poco inclinados a pensar en algo que no sea coyuntural.

2. En el mediano plazo deberíamos lograr cinco cambios estructurales: a) consolidar un Estado legítimo y efectivo en todo el territorio nacional, como base para lograr la paz, proteger la vida de los líderes sociales y disminuir las mafias de la droga; b) ampliar y mejorar de manera sustancial (incluso revolucionaria) el sistema de educación pública (básica y superior), así como los programas de ciencia y tecnología; c) disminuir los índices de desigualdad social; d) introducir cambios culturales y normativos de fondo en la manera como se enseña y se practica la profesión jurídica, como base para lograr una reforma a la justicia; y e) mejorar la movilidad urbana, construyendo metros, trenes y tranvías en ciudades pensadas para dentro de 30 años.

3. Los diplomas universitarios que se entregan cada año en Colombia tienen poca relación con los problemas que vive el país. Ejemplo: la conflictividad social es compleja y profunda, pero anualmente se gradúan 600 sociólogos y 15.000 abogados. Los primeros suelen saber más de ideología que de ciencia y los segundos suelen reproducir, cuando no aumentar, la conflictividad. Se necesitan más científicos, no solo en las ciencias duras, sino también en las llamadas ciencias blandas (sociólogos, por ejemplo), que lidien con los problemas duros de la sociedad.

4. Hay que tomar más en serio el cambio climático. Necesitamos pensar más en cosas tales como la deforestación, la disminución de las fuentes de agua y los costos ambientales de la ganadería extensiva. Mientras nuestra clase dirigente sigue adicta al petróleo, en los países serios ya no se preguntan si deben o no sustituir la energía fósil por energía limpia, sino cómo deben hacerlo y con qué cronograma.

5. En Colombia florecen buenas ideas que luego se enredan (cuando no se estropean) por causa de las malas emociones. Desde el general Santander hasta el presidente Santos, la polarización política ha sido más un asunto de odios que de ideas. Es la antipatía, más que el pensamiento, lo que frena la cooperación. Hay que ver el país en términos emocionales. Adoptar esta perspectiva no solo sirve para entender mejor lo que ha pasado (los conflictos endémicos, las rabias lacerantes), sino para mejorar la educación de los jóvenes, para formar buenos ciudadanos, para afinar los instrumentos de medición de las ciencias sociales, para socavar el moralismo y en términos generales para lograr más armonía social.

Bueno, ahora me doy cuenta de que tal vez todo lo que he dicho hace parte de una sola columna sobre la importancia de mirar la realidad con una perspectiva más amplia. Quizás no tengo razones para ser más optimista que Alejandro Gaviria en eso de las cinco columnas anuales. Ya veremos.

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