Por: Mauricio Botero Caicedo

Cinco ideas: cuatro estupendas y una estrafalaria

CURSAN EN LAS AGENDAS DEL GObierno cuatro estupendas ideas que son las siguientes:

— Eliminar la Comisión Nacional de Televisión: En mala hora la Constitución del 91 ordenó la creación de este esperpento, cuyo costo ha sido infinitamente superior a los minúsculos beneficios que ha aportado. Son miles de millones de pesos en burocracia y gastos operativos que cuesta este elefante, dinero que se requiere con urgencia para aumentar el gasto social. Lo poco que hace esta Comisión, lo pueden asumir otras entidades de control.

— Reformar el actual sistema de regalías: Haciendo caso omiso de la ‘piñata’ en que se han convertido las regalías, lo que es inaceptable es que esos recursos no vayan a beneficiar a la totalidad de los colombianos, especialmente aquellos de menores recursos. Una pequeña parte de las regalías (no más de un 20%) debe financiar la infraestructura en los municipios mineros y petroleros, con la condición, para evitar los robos y despilfarros de antaño, que estos recursos sean manejados por el Departamento Nacional de Planeación.

— Eliminar el impuesto del cuatro por mil: Como bien argumenta María Mercedes Cuéllar, la presidenta de Asobancaria: “Este tributo estimula el uso del efectivo e induce a que la gente vaya más a agiotistas, lo que dificulta la bancarización”. Creado de manera temporal hace 10 años para ayudar a la banca, este impuesto le aporta al fisco tres billones de pesos al año, recursos que perfectamente se pueden reemplazar con la eliminación de varias gabelas tributarias. El cuatro por mil, aparte de ser un impuesto totalmente antitécnico, aleja a los usuarios del sistema financiero y es fácilmente burlable por buena parte de los contribuyentes. Lo que sí es una pésima idea es la de reemplazar el cuatro por mil por un aumento en el impuesto al patrimonio. No hay nada que perjudique más el crecimiento que los desincentivos a la formación de capital.

— Quitarle tres ceros a la moneda: La verdad es que el Banco de la República y el manejo fiscal responsable de la última administración han estabilizado el peso colombiano a nivel de convertirlo en una de las divisas más apetecidas en los mercados internacionales. Aparte de simplificar toda transacción financiera, el quitarle tres ceros al peso va a permitir que los fabricantes puedan aumentar sus precios de manera gradual. Hoy, dada la escasez de monedas de baja denominación, los productos y servicios aumentan de cincuenta en cincuenta pesos. Para el consumidor va a tener la ventaja adicional de que el comerciante no se quede con los vueltos con la excusa de que no tiene cambio.

Por otra parte, los terroristas de las Farc han planteado una estrafalaria idea que es llevar a Unasur —en el vano intento de internacionalizar un conflicto que es exclusivamente nacional— su “visión” del conflicto. Aparte de que tan peregrina solicitud es un exabrupto, lo que uno no para de preguntarse es si las Farc tendrían la honestidad de explicarle al mundo que son un grupo que secuestra, asesina y trafica estupefacientes con la única finalidad de implantar en Colombia el comunismo, sistema totalitario en bancarrota que nunca ha, ni nunca va a funcionar en parte alguna.

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Apostilla: Nada, absolutamente nada, deslegitima más al Estado que convertirse en ladrón. El Ministerio de Transporte mantiene una tabla inexacta y mentirosa que sólo se revisa anualmente para cobrar impuestos que no reflejan el valor comercial de los vehículos, con diferencias que llegan hasta el 50% sobre el valor de mercado. El ministro anterior era refractario a todo raciocinio, pero mantenemos la esperanza de que el actual se dé cuenta cabal de que robar al contribuyente es la peor de las políticas.

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