Por: Daniel Mera Villamizar

Cinco retos intelectuales de la política en 2020 pensando en la década

Dos del gobierno Duque, uno de la izquierda y uno del uribismo, y otro común.

Sin reelección presidencial, volveremos a los ciclos cortos de cuatro años de la política, a diferencia de las dos primeras décadas de este siglo.

Con una mayor incertidumbre: ninguna fuerza política luce capaz de asegurar el rumbo de mediano plazo, la oposición populista y de centroizquierda parece recoger el descontento popular, y la división por los términos de la negociación con grupos terroristas sigue ahí, sin resolverse.

Al comenzar la tercera década, no tendremos hoja de ruta ni confianza en el futuro, a diferencia de 2010. Si bien vimos cómo estas se trastocaron rápido con Santos, es mejor tenerlas para preservarlas que no tenerlas.

Y aunque los políticos en general poco lo aprecian, son creaciones intelectuales, del pensamiento, las que dan sentido y orden a la política. La cruda lucha por el poder, el mero cálculo político, no sostiene bien la política, la envilece.

No se trata de pedir “construcciones abarcadoras” que tengan respuestas para todas las cuestiones, sino elaboraciones ad hoc coherentes entre sí en principios y valores, divulgables como “narrativas”.

El gobierno Duque, en primer lugar, tendría dos retos intelectuales, uno de más alcance que el otro. El más acotado: reinventar la gobernabilidad con representación y sin mermelada, si cesa en su actual ensayo sin lo uno y sin lo otro.

Hacer un diseño y un discurso de nueva gobernabilidad política que convenza a un público desconfiado y hastiado de la corrupción no sería tarea fácil de una sola sentada o reunión.

El segundo reto implica al primero y es la pregunta de si el presidente Duque responde i) solamente por su gobierno o ii) también por la sostenibilidad política y social del “modelo”. Dado el alcance intelectual, territorial, político y social que ha tomado la impugnación al “modelo”, el punto no es menor.

Si la decisión y el discurso son que el presidente Duque solo responde por su gobierno, la gobernabilidad importa menos, pues su responsabilidad política llegaría hasta el 7 de agosto de 2022. Si responde también por el modelo, el contenido y el aliento de una nueva gobernabilidad se vuelven más importantes.

Lo que nos lleva a un reto común para la izquierda y la derecha: pensar las coaliciones o concertaciones en su orilla más allá de lo electoral.

Después de la experiencia de 2018 (las consultas que ganaron Duque y Petro, y los resultados de la primera vuelta presidencial) y vista la nueva realidad política territorial, la reflexión en torno a las coaliciones interpartidistas antes de la primera vuelta de 2022 (y con vocación para la década, como en Chile) será una necesidad en 2020 por sus múltiples implicaciones dentro de los partidos y en el Congreso.

Un cuarto reto intelectual concierne a la izquierda: establecer los límites entre la izquierda radical y la centroizquierda en lo ideológico y lo programático, ya que Petro y Fajardo muy seguramente competirán en primera vuelta. Esa elaboración se nutriría de los gobiernos territoriales alternativos y enfrentaría la exigencia de claridad en cuanto al gobierno y el cambio del modelo.

Y un último reto en este listado provisional le corresponde al uribismo: pensar la transición y su futuro sin Uribe como líder actuante. La fuerza política que marcó las primeras dos décadas, arranca la tercera sin certeza de su permanencia como un partido determinante. Las variables estratégicas se le muestran adversas o indiferentes, lo que eleva el desafío, máxime con una negociación probable con el ELN.

Felices fiestas para los amables lectores.

@DanielMeraV

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