Por: Mario Morales

Cinismo y propaganda

CÍNICO Y HUMILLANTE, SI SE QUIERE, el papel de rangeles, plinios, palomas y demás perifoneadores de la hecatombe nacional, fabricada a base de mentiras y deformaciones, aun a costa del falso prestigio de sus autores.

Humillante como bajar la cabeza luego de que Uribe les hiciera cambiar el voto para impedir que pasara en el Senado la inhabilidad de cuatro años con la que Vargas Lleras no podría ser candidato presidencial.

Y cínico como pretender hacer creer que el vicemindefensa Bedoya había desmentido al presidente Santos acerca del mejoramiento de la seguridad en el país. Bastaba leer el comunicado del vice, o su Twitter, donde defendía logros contra el secuestro extorsivo, el terrorismo y los homicidios, entre otros, cuyas cifras son las más bajas en los últimos 10 o 15 años. Sí, pero es un rol efectivo por contaminante. Mezclar propaganda, mentiras y desinformación siempre ha sido un coctel explosivo; y entre más grande sea la mentira, mejor su efecto.

El resultado es primero la provocación, luego la deformación, y en el peor de los casos, la sustitución de la realidad a punta de manipular signos (siguiendo al teórico Guy Durandin), esto es, hacer percibir como ciertos, falsos documentos o falsas declaraciones. El objetivo es fragmentar la opinión, confundir y desanimar. Busca crear otros mitos del porvenir (en términos de Durandin) valiéndose de argumentos retorcidos. Porque si Santos anda empeñado en crear sus mitos del futuro con base en la ensoñación, la oposición de derecha busca crear los suyos con asiento en la tragedia y el miedo.

Y el Gobierno da papaya, comunicándose en condicional y apostándoles a las ambigüedades de los porcentajes que no se comparan con hechos sino consigo mismos en términos absolutos. Ya lo decía Domenach, la fórmula para contrarrestar esa propaganda contaminada es hablar con simplicidad y franqueza, aun dejando ver debilidades. De allí a la solidaridad hay apenas un paso.

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